Ay el amor, cosa tan rara

Por Edgard E. Murillo

Una de las aficiones empedernidas del ser humano es encontrar explicación racional a las cosas que evidentemente son difíciles de diseccionar con métodos lógicos. Hay eventos que no se entienden si no es porque se sienten, o sea que se explican sintiéndose.

Sin embargo, para estas fechas solemos buscar la definición de algo que se ha materializado en tarjetas, flores e historias conmovedoras. Me refiero al amor sentimental, conocido como amor romántico, o amor carnal para no pronunciar la palabra sexo. Los abogados presumidos repiten cuando les conviene un aforismo latino que reza definitio in iure periculosa est, esto es que toda definición en derecho es peligrosa. Pienso que definir el amor no es cerca peligroso pero sí puede resultar inútil debido a la multitud de percepciones que conlleva esta tarea implada de suspiros y desencantos. Así como Le stile est l`homme meme (Buffon), el amor es lo que cada quien quiere que sea. Pongo ejemplos. Le pregunté a Catalina qué era para ella el amor y me dio por respuesta la misma que dio John Reed cuando le preguntaron su opinión sobre la guerra: lucro. Negocié con Adela su respuesta hasta que me dijo que era una cosa maravillosa (hizo énfasis cuando pronuncio cosa). Mi hermana Ana fue sentenciadora al acotar que el amor “es poderoso, porque todo lo puede”. Mi tío Luis no se complicó, dijo que el amor es algo rico; en cambio Saúl, el que me vende películas clásicas, recriminó mi inquietud diciendo que esas preguntas no son propias para que las haga un hombre. Una vez indagué sobre lo mismo a un conductor de taxi quien contraatacó: “¿Querés saber lo que es el amor? El amor es esto” (Me hizo la guatusa). En la telenovela Roque Santeiro, Mocinha, la novia dejada, repetía que el amor es cochino; años atrás Grace Jones cantaba que el amor es la droga. Mi amigo Víctor anuncia de vez en cuando que el amor y el odio son cachos del mismo toro, y no son pocos los que dicen que el amor es eterno mientras dura. Mi tía Eugenia sostiene que la expresión “hacer el amor” es limitativa, dice que los genitales no crean amor, solo lo proclaman. Y podemos seguir diciendo que el amor es pretexto, cosquilla, bálsamo, antihistamínico, síntoma revolvente, embrutecedor de pulsos débiles, calenturiento, oloroso, díscolo, provocador de papalotes en el vientre, húmedo e irremediablemente invidente.

De ahí las preguntas: ¿Será que el amor se transmite por los besos? ¿Cuántas veces se puede uno enamorar “de verdad”? ¿Se puede amar por larga duración como Florentino Ariza o el poeta Josecito Cuadra?  ¿Será cierto que las personas se enamoran en tres segundos?´

Bien entendido entonces que el amor no puede explicarse sólo disfrutarse, de algo estoy seguro: estamos deliciosamente jodidos por ese condenado sentimiento, por lo que viene a mi mente aquella vieja canción que dice:

¿Cuántas veces se escribió sobre el amor?/Mil poetas lo intentaron definir/y hasta hoy no ha existido el inventor/que nos cuente los misterios/del amor.

Ay el amor, cosa tan rara/cuando lo añoras pronto se aleja/ay el amor, cosa tan rara/cuando no esperas/llega a tu casa.

14 de febrero de 2012

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