De venganzas y amores

eloisa

Edgard E. Murillo

Hace algunos años vi una película ambientada en Londres de 1940 acerca de una interesante historia de amor. A pesar que ya estaba comenzada decidí verla porque soy un irreductible aficionado de los filmes de la Segunda Guerra Mundial, además porque se trataba de una película inglesa, fuera de las monadas hollywoodenses. La trama es la que sigue: Una mujer británica casada con un general de la aviación se enamora de un diplomático alemán. Inglaterra se alista para otra contienda bélica mientras Jürgen y Lady Thompson viven su fantasía a velocidad de vértigo. Son fantásticas las escenas donde los amantes se desnudan sobre el vidriado techo del Royal Albert Hall en tanto suenan las sirenas anunciando los bombardeos sobre la ciudad. El frenesí de la guerra aumenta la pasión. Los enamorados hacen planes para fugarse a un país neutral, pero sucede que alguien le llega con el chisme al marido de Lady Thompson. El traicionado persigue a Jürgen pero este huye a su país. Lady Thompson queda desconsolada, su marido la perdona pero le establece serias y humillantes condiciones. Cuando se da cuenta que el amante de su mujer se encuentra en Dresde, el general ordena el bombardeo sobre esta ciudad, tiene la esperanza que alguna bomba alcance la cabeza del desgraciado. Cada explosión se convierte en una porción de su venganza. Dresde es reducida a cenizas. No se sabe si Jürgen logra sobrevivir.

II

Siglo XII. La vida de Abelardo empezó cuando conoció a Eloísa y terminó cuando se separaron. Una historia de arrebatado amor pasional que ha opacado la obra del teólogo. Una historia con un final infeliz. El idilio de Abelardo y Eloísa desafió todas las convenciones medievales provocando la ira del tío de ella quien hizo hasta lo indecible para separarlos. Una noche Fulberto, el despiadado tío, entró a la habitación de Abelardo y lo castró. “Me castigaron con cruelísima y vergonzosísima venganza que recibió el mundo con estupor, amputándome aquellas partes de mi cuerpo con las que yo había cometido lo que ellos lloraban.” Abelardo ingresó a un monasterio y Eloísa se hizo monja. Hasta el fin de sus días vivieron para Dios, leyendo y releyendo las cartas de infinito amor que ambos se profesaron. Ella pidió que cuando muriera la enterraran en la misma tumba donde yacía el cuerpo de Abelardo y que sobre ella sembraran un rosal. Su voluntad fue cumplida. El poeta Campoamor dedicó estos versos:

El rosal de ella y de él la savia toma,
Y mece, confundiéndolos, la brisa
En una misma flor y un mismo aroma
Las almas de Abelardo y de Eloísa.

III

Chichigalpa, 2008. Don Bruno y doña Adelaida tenían casi treinta años de casados cuando se separaron. Ya no se soportaban ni siquiera cuando estaban dormidos. Una mañana de marzo doña Adelaida, sin decir adiós, se fue de la casa. Al cabo de dos años de soledad don Bruno se enamoró de una jovencita que tenía la misma edad de su hija, se comprometió con ella y se casó. Todo transcurría bien en la vida de don Bruno hasta la tarde que quiso abrir su casa y encontró puesta otra cerradura. Doña Adelaida se había tomado la casa. Negociaron y decidieron repartirse la vivienda por la mitad, para ello doña Adelaida abrió otra puerta frontal y clausuró dos puertas internas. La repartición de la casa no agradó mucho a la esposa de don Bruno porque tenía que hablar por lo bajo para que no escuchara la ex esposa de su marido. Pero pronto empezó el calvario. Doña Adelaida, que bien vista era muy hermosa, se agenció un amante que no tardó en llevarlo a su media casa. Por las noches, en plena euforia amatoria, doña Adelaida gritaba “¡Este sí es un hombre!”, lo que provocaba vergüenza y arrechura a don Bruno y asombro a su joven esposa. Los escándalos de doña Adelaida continuaron por cinco noches seguidas (a veces se generaban al amanecer) hasta que el 13 de octubre don Bruno no aguantó más y abandonó la casa. Al siguiente día doña Adelaida removió los biombos que había puesto para dividir la casa y desde entonces ha vivido en ella en compañía de sus gatos y uno que otro amante ocasional. De don Bruno no se supo más.

Febrero, 2014

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