Las piernas del Jardín Central

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Por Edgard E. Murillo

Sobre la Avenida Roosevelt había un salón cervecero de bastante fama y clientela: El jardín Central. Ocupaba una esquina en la banda Este de la avenida, a pocos metros del Instituto para señoritas La Inmaculada, exactamente frente al jaspeado y elegante Banco de Londres. Por las tardes, los clientes preferían sentarse en las mesas que estaban fuera de las paredes del recinto, no por el calor, sino por el espectáculo que ofrecían las alumnas de la Inmaculada y demás señoritas que pasaban bajo los aleros del banco. Acontecía que los alisios forzaban remolinos ascendentes cuando se estrellaban contra las paredes de los edificios esquineros, eso hacía que las faldas de las muchachas subieran de súbito como paraguas (Al mejor estilo de Marilyn Monroe), lo que era celebrado con euforia por los clientes del Jardín Central. Algunas incautas creían que el peligro pasaba una vez alcanzada la orilla del banco, mas no contaban que en las aceras de éste había unos respiraderos que lanzaban aires huracanados hacia arriba, ocasionando el levantamiento de faldas y vestidos. Puedo imaginarme el ambiente en el salón cervecero y las risas y el rubor de las muchachas que eran víctimas, una o dos veces, de aquellos vientos imprudentemente benditos de la Vieja Managua.

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Banco de Londres y Montreal antes del terremoto de 1972

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