Acerca de la inteligencia maradoniana

maradona

Por Edgard E. Murillo

Cuando yo estaba en secundaria algunos comentaristas deportivos empezaron a llamar genio a Diego Armando Maradona. Mi profesor de matemáticas replicó diciendo que sólo los diestros en los números podrían considerarse inteligentes o genios, dependiendo de su grado de brillantez intelectual. En principio estuve de acuerdo con el profesor porque ya antes había escuchado a un pugilista decir que él tenía su propia “filosofía” cuando seguramente ignoraba quién había sido René Descartes o San Agustín. Meses después vino el Mundial de México y los cronistas calificaron al mediocampista argentino no solo de genio sino de artista, un Da Vinci del campo, y hubo uno que lo catalogó de dios aterrizado. En el Mundial del 90 Diego Armando le hizo un pase filtrado a Claudio Caniggia que descuartizó mi corazón porque la jugada terminó en el gol que eliminó a Brasil. Fue a partir de entonces que empecé a odiar a Diego, y también a considerarlo un verdadero genio. Cuando la pelota llegaba a sus pies él ya sabía lo que tenía que hacer, sus pases eran certeros como los de un francotirador, se movía anticipando las jugadas, gambeteaba como un felino, tenía visión caleidoscópica que le permitía desmarcarse rápidamente y encontrar la ruta del gol como Pedro por su casa. ¿No es eso acaso ser un genio? Estuve convencido de ello cuando leí la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner. Este profesor de Harvard dice que todos tenemos ocho inteligencias (habilidades cognoscitivas), pero que solo desarrollamos una más que las demás. Estas inteligencias son: la lingüística, la lógica-matemática, la espacial, la musical, la corporal cinestésica, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista. Según esta teoría, Michael Jordan es tan inteligente como Albert Einstein porque ambas inteligencias pertenecen a campos diferentes.

Sin duda hay gente más inteligente aun dentro de sus respectivos campos. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo es inteligente como futbolista pero no es un genio como Diego Armando o Lionel Messi. En mi caso creo que soy bruto en el campo corporal cinestésico, propio de los bailarines, actores o cirujanos; un poquito inteligente en el espacial, donde se mueven los artistas y arquitectos, y atolondrado en el intrapersonal (porque aun no termino de conocerme).

Ahora se está hablando de otra inteligencia: la inteligencia emocional. Y más recientemente de la inteligencia intuitiva. Ya que está de moda etiquetar nuevos tipos de inteligencia, me parece lícito preguntarme si acaso habrá alguna inteligencia amatoria, es decir, si hay gente habilidosa y gente estúpida para obsequiar el amor. No me refiero a pericias de cama (que sabemos existen personas verdaderamente tardas en esas lides) sino a querer, además que con el corazón, con el raciocinio. ¿Verdad que hay algunos que aun queriendo a su pareja no saben quererla? Pero no solamente hay que saber querer a los demás, sino quererse a uno mismo. Maradona fue estólido en este aspecto cuando quiso meterse todas las drogas del mundo aunque fuera genio en otro ámbito. Eso comprueba que las personas pueden oscilar entre la genialidad y la torpeza monumental. Afortunadamente, el Pibe hizo uso de otras inteligencias desconocidas para recuperar su salud, hacerse cirugías plásticas y convertirse en comentarista deportivo. Todo, sin lugar a equivocarnos, con la oportuna intervención de La mano de Dios.

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2 comentarios en “Acerca de la inteligencia maradoniana

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