La cantina ideal

El sabalete

Por Edgard E. Murillo

Una tarde como la de hoy así con lluvia suave y truenos que rascan las panzas de las nubes yo quisiera estar en el bar El Sabalete. Nada más pregúntenme y les cuento que nada allí sale sobrando. Si no fuera porque en El Sabalete se vende guaro y cervezas les diría que es la cantina perfecta. Siempre hay mesas limpias y desocupadas, la música suena a tu interés más que a tu gusto (en ocasiones de una complicidad alucinante); las botanas, con o sin grasas, ligan a la perfección; los baños huelen a lavanda y las meseras sonríen a todos tus ocurrencias, como si fuesen amigas tuyas de toda la vida, o aun de vidas anteriores. En El Sabalete no hay moscas. Tampoco perros ni gatos. Los decorados abundan en mosaicos chinos y egipcios pero también hay afiches de Marlon Brando y de Marilyn Monroe absorta leyendo “Ulises” de Joyce en un parque (Ella tuvo una formidable biblioteca, talvez obsequiada por míster Miller). Existe un menú que sirve de poco, pues sucede que siempre hay más platos que los que aparecen en él. Es la única cantina que ofrece de todo y todo fresco. Sin excusas. Por alguna razón el dueño de El Sabalete se parece a mí. O más bien creo que después de tanto llegar a ese lugar ya ha ido apropiándose de mis gustos y estados de ánimo. No sé. Puede ser también que el dueño (o el disc-jockey, si acaso es otra persona) tenga poderes telepáticos. No he terminado de sentarme cuando ya él se sirve enviar con la mesera una cerveza a la temperatura que yo la quiero, ni un grado más, ni un grado menos, como si supiera que ese día quiero cerveza y no ron o un fresco de Maracuyá. Igual sucede con la música. ¿Cómo se figura el anfitrión que ando de gustos rockeros en español? ¿Cómo intuye que en ocasiones quiero algo suave, digamos Linda Ronstadt, para después dejarme mecer por una rola de algún cantante que tenía muchos años de no escuchar y cuyo nombre no recuerdo? Ni idea. El sentido de la anticipación reina en El Sabalete. Llega la mesera y me dice casi susurrando: “Don Edgard: Hoy tenemos frijolitos molidos con crema y tostones”. Otro día: “¿Se le apetece aceitunas con trocitos de queso cheddar?”. A veces llego con el tiempo limitado, no quiero bulla ni comer, entonces el dueño (empiezo a sospechar que posiblemente sea la dueña) ordena bajar el sonido hasta que mis pensamientos se asientan junto con el hielo del único trago de ron que voy a beber. Si llevo un libro y me pongo a leerlo en seguida una de las meseras pone a mi disposición un marcador fluorescente y una libreta por si acaso urgen los apuntes. Entonces me dicen que si quiero otro trago, les digo que no, a lo que responden que por ese día los tragos que tome son cortesía de la casa. ¿Qué les parece? Sin lugar a dudas El Sabalete es la mejor cantina del Universo. Un universo de fantasía, pero Universo al fin.

Edgard E. Murillo H.- (21/10/14)

(Cantina, óleo de Aurelio Cabañas González)

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