Grabaciones ochenteras

casete

Por Edgard E Murillo

No recuerdo cuándo fue que compré mi primer casete en limpio pero sí tengo presente la vez que me regalaron uno marca Sony de 90 minutos que reutilizaba para grabar las canciones que sonaban en la radio con todo y viñetas. Había grabado en él una especie de popurrí que incluía a Paul Anka, los peludos de Creedence Clearwater Revival, Sheena Easton y Juan Gabriel. Tuve que comprar luego varios casetes para ordenar más o menos mis preferencias, no sólo por géneros musicales y ritmos, sino que también atendiendo las posibles disposiciones de ánimo en que me encontraría al momento de escucharlos. Las grabaciones caseras en casete reinaron en toda la década de los ochenta sin competencia alguna. A veces parecía que los casetes habían desaparecido pero emergían de quien sabe dónde, puesto que en la medida que la venta de discos de vinilo se veía cada vez más afectada por el bloqueo, la comercialización de aquellos daba sentido y propósito existencial a la chavalada de la época.

Pero no se crea que era fácil grabar de la radio, casi siempre constituía una empresa homérica para quienes querían preservar sus canciones favoritas en una cajita de plástico. El primer reto estaba en localizar un programa que pasara la música que querías grabar. Uno tenía que estar atento con los dedos puestos en Rec y Play simultáneamente para cazar las canciones desde su inicio, ni un segundo antes ni un segundo después. Si al bendito locutor se le ocurría hablar antes que finalizara la pieza entonces tenías que apretar Stop con furia y ponerte al acecho de otra canción más afortunada (Esto podía repetirse hasta que la paciencia lo permitiera).

Los casetes tienen una cinta de espera al inicio, de tal manera que para lograr una buena grabación la experiencia nos había enseñado que había que poner la parte color café de la cinta exactamente en el centro del área que quedaba descubierta. Si alguien quería regresar o adelantar la cinta y quería hacerlo a su manera, metía el dedo (o un lápiz) en cualquiera de los dos circulitos dentados y le daba vuelta al casete como si estuviera retorciendo el pescuezo de una gallina, entonces se escuchaba cómo el carrete chillaba un ruido seco y divertido, así: ssrrrhhh-sshhhrrr-ssshhhrrrhhh. Calamidad total acontecía si tu casete preferido se enredaba en la radiograbadora, ahí se demostraba el amor que tenías por la música y tus cualidades reparadoras. Al advertir la deformación del sonido detenías inmediatamente la reproducción, abrías lentamente la tapita de la  casetera, valorabas el daño y sacabas un grito desde el fondo del alma si el daño parecía irreparable; en cambio, si las cosas no parecían graves, estirabas primorosamente la cinta estrujada hasta dejarla presentable, rezabas un Padrenuestro y volvías a poner el casete en la casetera, luego adelantabas y retrocedías la cinta con las teclas apropiadas hasta que considerabas que se había puesto otra vez desarrugada. A veces el daño impedía que lo grabado se escuchara decentemente, en esos casos tenías que hacer una amputación y unir el corte con masking tape del mismo ancho. Eso te podía llevar bastante tiempo, dependiendo de tu habilidad de cirujano.

Lo bonito de los casetes, a diferencia de los discos, era que podía grabarse música “encima de la otra”, pero sin abusos, porque en tales casos la grabación perdía calidad. Los casetes populares eran los Sony y TDK. Si tenías un JVC u otra marca extraña podías sacar pecho de ello. No era raro que en un cumpleaños  te regalaran uno o dos casetes en blanco para tus grabaciones personales. Pero lo más bonito sucedía cuando ibas a una fiesta. Si era tu fiesta y tus invitados eran tus cuates, no había falla. Pero si era una fiesta abierta tenías que tener mucho cuidado en poner los casetes donde no aparecieran viñetas o anuncios comerciales. No había cosa más bochornosa en una fiesta de quince años que a mitad de una canción se escuchara una voz que dijera “La voz de Nicaragua” o “FUDÍN, su empresa de fumigación”. Afortunadamente estas vergüenzas empezaron a desaparecer cuando la piratería inundó los mercados en los tempranos noventa.

Tengo más de trescientos casetes entre piratas, originales y grabados por mi cuenta que duermen en una gaveta de un archivero metálico en la bodega de mi casa. Espero que las cintas sigan resistiendo los embates del tiempo y el calor de Managua, como hasta la fecha lo han hecho. Aun conservo dos veteranos de 1983, uno de José Luis Perales y otro de Air Supply. No me explico cómo se han cuidado solos por tanto tiempo.

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9 comentarios en “Grabaciones ochenteras

  1. Lo más admirable de los cassettes es precisamente su resistencia al tiempo, similar a nuestras memorias, y si consideras la posibilidad de probarlos, aún suenan bien. Saludos Doctor, gracias por su máquina del tiempo.

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  2. Ciertamente una epopeya eso de conseguir las cintas y después ponerles la música. Recuerdo que había que hacer fila en ENIGRAC, para comprar un par de casetes sin etiqueta y luego salir a buscar quien te prestara música para grabar, y en el peor de los casos conseguirla desde las radios; que por cierto eran muy pocas las que en ese momento estaban al día con los éxitos de entonces. Recuerdo Radio Éxito,Radio Cosmos, La Cachorra, Fabuloso Siete, entre otras; se esmeraban por sonar lo último del momento. Ya bien entrada la década “ochentera” entramos como en una nebulosa musical, eran más las malas noticias que las buenas canciones…muchas radios empezaron a desaparecer y con ellas la variedad.

    La excepción fue “Radio Pirata la onda bárbara…” Cuando escuchábamos: Domingo de Goma, Travadictos, y otros programas que nos servían el rock clásico, alternativo, música latinoamericana, poesía y demás creaciones artísticas del mundo; en la colina pirata se respiraba cultura… hasta que un rayo se cagó en el transmisor y con ello murieron el solaz, los sueños, creaciones y esperanzas de muchos.

    Cuando la invasión de la piratería a inicios de 1990 fuimos a la “La Piñata” a celebrar la pronta venida al mundo de la mujer de mi vida. Recuerdo que nos quedamos helados al ver la interminable fila de caramancheles ofreciendo casetes de música que conocíamos y otras que nunca habíamos escuchado. Jamás voy a olvidar como se escuchaba Susie Q en el equipo de sonido de la Benigna, era el inicio de una nueva era en el país y en nuestras vidas, estábamos a un paso de convertirnos en padres y de empezar a convertirnos en lo que somos hoy. Ese día compré mi primer casete pirata de los Grandes Éxitos de los Creedence Clearwater Revival, hoy no sé decir donde están los incontables casetes que adquirí en esa época; han pasado 25 años de eso. Internet me permite acceder a toda la música que pueda imaginarme o querer escuchar, pero la sensación de ese 12 de marzo del 90, nunca la voy a volver a sentir. Hoy reina la bachata, el reguetón y la “música tecno”. Hace falta Radio Pirata para que nos lleve a navegar bajo un cielo de vainilla y pithaya, como lo haces vos en tu Barco Azul. Un abrazo y que estés bien!!

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    • En el primer tercio de la década de los ochenta una de las radios favoritas por la frescura de la programación era Radio Tiempo y años después descolló la radio Stereo Azul. A pesar que la música pop siempre se coló en medio de la vorágine revolucionaria, dejamos de escuchar bastante de ella, principalmente (oh, paradoja) la que no provenía de los Estados Unidos. O sea que nos perdimos a Duran Duran y toda la parafernalia punk de Sex Pistols. Salman Rushdie dijo una vez que la revolución sandinista era rara, porque siendo antimperialista los chavalos cantaban canciones de Michael Jackson. Cosas de la vida. Gracias Víctor por comentar, un abrazo.

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  3. Mi experiencia es identica. Aún conservo mis ksets! las cintas metálicas eran la mera bestia, de rete lujo. A mi me toco grabar música en los años 80 y la mejor radio era Stereo Revolución con aquel slogan auditivo “turururun” que te delataba en las fiestas. Otra cosa que yo hacía era medir las distancias en canciones. De Colonial Los Robles a Bolonia en esa época eran 3 canciones… llegaba veloz. La vez pasada di play a un caset y aun suena pero rete mal. Ahora ya no archivo música, ya no sirve para nada aunque tengo en mi disco duro externo toda mi colección, ahora con Spotify ya no necesito las melodías en físico. Como cambiaron los tiempos. Hace tiempo tengo en cola escribir algo sobre esta experiencia, parecida a la tuya. Veré cuando sale! mucho gusto!

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  4. Reblogueó esto en En la Makenzin-Boly comentado:
    Este artículo es de esos que hacen retroceder tu memoria en el tiempo. Y es que, ¿quién en la Nicaragua de los 80 no tuvo su colección personal de casetes?
    Lean el artículo de Edgard Murillo. Les aseguro que les va a gustar tanto como a mí.

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  5. La primera vez que grabé un LP a una cassette en mono de 60 minutos (30×30) de marca BAF fue en 1974 en León y fue del primer LP de Barclay James Harvest. En 1975 y 1976 grabé de tocadiscos a casetera mono de periodista en España los siguientes LPs: Jesus Christ Superstar (versión original inglesa con Ian Gillan), The Six Wives of Henry IIX de Wakeman, A Trick of the Tail de Genesis, Relayer de Yes, Closer to Home de Grand Funk, In Rock de Deep Purple, John Barleycorn de Traffic, Red Queen to Gryphon Three de Gryphon y alguna música andina de Quilapayún y música irlandesa. En Madrid 1981 grabé por primera vez música en stereo de LP a cassette y fue con los13 (no 14) long plays de los Beatles, ediciones inglesas, que se pusieron de moda con el asesinato de John Lennon. En 1987 compré en Boston mi grabadora Ross de cuatro pistas para cassete normal de hierro en la cual grabé casi todas mis composiciones en demo de 1978 a 1992. Normalmente usaba TDK de 90. En 1996 pasé todos esas cassettes de demos a minidisco y un año después los pasé a CD. Ahora los tengo en Wav y en MP3. He hecho memoria.

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