¿En verdad cambia la gente?

picasso-obra-613x335

Por Edgard E. Murillo

Un amigo me dijo una vez que él ya no era la misma persona que fue un año atrás porque sus células eran otras. Que su piel, sus pelos y su sangre habían sido sustituidos por otra piel, otro pelaje y otros glóbulos. Dijo que uno huele a niño cuando se es niño y huele a viejo cuando se está viejo. Nadie es igual que lo que fue meses o años anteriores, concluyó. Le dije que no estaba de acuerdo porque en todo caso esa sustitución era sobre la misma base celular, por lo que a fin de cuenta éramos los mismos. Le pregunté si creía que su mujer era otra cada semana y me dijo que precisamente ese era el motivo por el cual la había aguantado por tanto tiempo. 

Después de esa conversación recuestioné la idea de la inmutabilidad de las personas, no solamente a nivel celular, sino en su comportamiento íntimo y frente a los demás, pero la conclusión fue la que siempre había asumido: la gente no cambia aunque se esfuerce en ello. Puede que acontezca un proceso evolutivo pero no un cambio radical diferente a su condición natural. El mañoso de chiquito se vuelve más mañoso conforme lo persiguen los años. Es posible que el incauto se vuelva más precavido pero igual será de continuo presa fácil de los facinerosos. Una persona podrá adquirir destrezas artísticas, gerenciales o académicas pero si siempre fue un hijueputa existen grandes probabilidades que se convierta en un hijuelagranputa a la vuelta de la esquina.

Debo admitir por lo dicho que no creo en conversiones de último momento. Apartando casos excepcionales, verbigracia un secuestro llevado a cabo por extraterrestres, nadie cambia de forma dramática, ni aun los que han sufrido traumas o aparentes revelaciones místicas. Podrán dar la impresión que han cambiado, destacarán algunas novedades en el hablar o en el vestir, pero en el fondo serán siempre los mismos. Conocí a un fulano que tenía los siete vicios del garrote, un día adquirió una nueva religión, dejó de beber y de usar jerga prosaica, incluso retomó sus estudios de contabilidad, pero dejó intacto los demás vicios (Los peores que tenía, aquellos que venían en su mapa genético). Es mentira también el cuento que la gente cambia para mal cuando les llega el poder y el dinero. La gloria y la riqueza solo ponen de relieve la naturaleza que antes estaba reprimida, como reprimidas estaban las aficiones de los borrachos.

Pero así como hay gente dañina que no cambia, afortunadamente tampoco cambia la gente de buena leche. A diario me encuentro con personas que son más buenas que lo que fueron hace diez o veinte años, como que estuviesen programadas para hacer ligera y divertida la existencia de los demás, no obstante los tiempos duros y los encontronazos con la rutina y las maledicencias de los que están en la orilla oscura.

Anuncios

Un comentario en “¿En verdad cambia la gente?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s