El fuero de los vencedores

Nuremberg-1-

Por Edgard E. Murillo

Los actos de exterminio y crímenes sistemáticos – cual más inimaginable todos ellos – que en la década de los cuarenta del siglo XX perpetraron los nazis en contra de miles de personas, merecieron la reprobación de la sociedad civilizada de entonces, por lo que la creación de un tribunal especial que juzgara a los criminales alemanes fue visto con simpatía y anhelos de justicia en toda Europa. Hess, Göring, Dönitz, Borman, Keitel y otros diecinueve personajes apocalípticos fueron puestos en el banquillo de los acusados en el célebre Tribunal de Núremberg en octubre de 1945, cinco meses después de concluida la guerra.

Como se ha dicho, nadie dudaba (ni se duda hoy en día) de la culpabilidad de los acusados, y grande fue el clamor cuando se supo que la mayoría de ellos fueron ejecutados en la horca. Pero la pregunta que pocos se han hecho es: ¿Fue legal el proceso? ¿Tenían las potencias aliadas – Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia – la capacidad legal de juzgar conforme a derecho a individuos en su propio país y con leyes “ex post facto”?

El Tribunal de Núremberg juzgó a los reos de acuerdo a su estatuto creador; los delitos imputados fueron creados por el mismo estatuto y los jueces provenían de las potencias vencedoras. Ningún juez alemán integró el tribunal. No se permitió a los abogados defensores que tuvieran las facilidades para preparar las pruebas que sí tuvo la fiscalía ni el tiempo suficiente para organizar sus alegatos. El sistema legal acusatorio fue el norteamericano, ni siquiera el europeo, y no hubo derecho a revisión ni a doble instancia. En pocas palabras, como dijo uno de los abogados de la defensa, los Aliados fueron autores de los cargos, de la ley penal, parte acusadora y juez al mismo tiempo.

Los abogados de los acusados tenían para sí un formidable argumento: que se había violado el principio universal nullum crimen, nulla poena sine lege (No hay crimen ni pena sin ley), también conocido como Principio de Legalidad, recogido por todos los países civilizados, incluyendo los que habían suscrito el estatuto creador del Tribunal de Núremberg. El Principio de Legalidad prescribe que el castigo es solo posible si la ley que ha sido violada ya existía en el momento en que fue cometido el acto y si el castigo ya estaba previsto. ¿Existía una ley que sancionaba los crímenes contra la humanidad cuando los acusados cometieron esos actos? No. No existía ese delito cuando los acusados cometieron sus fechorías, por tanto ellos sencillamente  no podían haber sido juzgados por ese crimen.

Para justificar la transgresión al Principio de Legalidad el fiscal Jackson salió al paso diciendo que el derecho internacional era esencialmente consuetudinario y convencional, y que por lo mismo no se podía siempre desarrollar a través de la legislación. (Afirmación desafortunada si tomamos en cuenta que proviene de un jurista que defendió el estatuto del Tribunal a capa y espada). Pero el proceso de Núremberg continuó su curso y para mostrar al mundo que el mismo no era un acto de venganza de parte de los vencedores, no todos los acusados fueron condenados a muerte, incluso dos de ellos salieron de la cárcel pocos años después de haberse levantado la última sesión.

De Núremberg nos quedan varios tipos de delitos de carácter internacional y también algunos principios que se aplican en la actualidad, como la inexistencia de inmunidad en razón de orden superior, además de la definición de Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Paz y contra la Humanidad. Sin embargo, coincido con el juez federal norteamericano William O. Douglas quien dijo que todos los enjuiciados merecían la pena de muerte, pero no por los delitos imputados por el Tribunal, sino por los delitos establecidos en el derecho penal alemán.

La polémica sigue, pero nadie sincero puede asegurar que el Tribunal de Núremberg juzgó a los únicos malvados y criminales de la Segunda Guerra Mundial. Solamente juzgó a los que les tocó perder.

 

(En la fotografía, en primera fila: Göring, Hess, Von Ribbentrop y Keitel)

 

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