Lo que nos delata

César Augusto Prima Porta

Por Edgard E. Murillo

Eso de mencionar todos los cargos y títulos que una persona posee, con o sin mérito, siempre me ha causado mucha gracia. Cuando yo estaba chavalo trataba de adivinar la forma en que presentaban al líder soviético, camarada Leonid Brézhnev, Secretario General y Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Presidente del Soviet Supremo y del Consejo de Ministros y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de Tierra, Aire y Mar. Me recordaba los títulos que el senado romano otorgaba al César: Invictus, Dominus Noster, Princeps Senatus, Imperium Maius, Pontifex Maximus. Si de la Roma Imperial viene esta costumbre, mucha razón tuvo Juan Bautista Alberdi, quien dijo que lo que más copiamos de Roma no fue el sólido y extenso derecho civil, sino su derecho público externo e interno, la guerra y el despotismo, con toda su parafernalia de distinciones y espaldarazos. A partir de entonces, hacer más grande el nombre de las personas por medio de los títulos se volvió — usando la palabra en boga —  viral. Sigue leyendo

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Caín y el fin de su maldición

Por Edgard E. Murillo

Adán vivió un montón de años, 960 dicen, así que tuvo mucho tiempo para refugiarse en amores a su gusto y capricho, no solo con Eva, la mordedora de manzanas, sino con cualquiera que le hiciera caso, aunque dudo mucho que haya sido labioso. Abel, como se sabe, murió virgen el pobre, por lo que le correspondió a su fratricida hermano encargarse de la descendencia, ¡Menuda tarea la que le tocó! Caín debió esperar mucho tiempo para que una hermana suya creciera y tuviera edad suficiente para yacer con ella, o bien se ajuntó con alguna sobrina (hija de Set) o con una nieta de su padre, que también sería otra sobrina. ¡Tremenda samotana pletórica de largas y diversas pasiones que apenas me atrevo a imaginar! Pero no por promiscuo Caín fue merecedor de un castigo eterno, sino por haber dado muerte a su hermano. Sigue leyendo

El hombre del sombrero gris

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Por Edgard E Murillo

Dos días después del asesinato de John F. Kennedy, mientras  el principal sospechoso estaba siendo conducido a la cárcel del condado, un hombre fornido de traje negro y sombrero gris inexplicablemente evadió los protocolos de seguridad del cuartel de policía de Dallas, desenfundó un revolver Colt e hirió mortalmente al reo. El nombre del pistolero: Jack Ruby. Un reportero del Dallas Times Herald llamado Bob Jackson sacó una foto justo en el momento del disparo. Sigue leyendo

De donde fue…

Munich

Por Edgard E. Murillo

En Nicaragua hay dos maneras de dar direcciones: la convencional y la nica, predominando ésta sobre la primera. A un taxista no se le puede decir: “Lléveme al bloque tal de Monseñor Lezcano”, porque en seguida le responderá que por dónde es eso. Entonces lo correcto, claro y seguro es decirle: “Lléveme de donde fue el BANIC dos abajo”.

Cuando empecé a darme cuenta que los managuas decimos “de donde fue” creí que se debía a la pesadumbre provocada por el cataclismo de 1972. De donde fue la estación… De donde fue la iglesia San Antonio…  Pero no. Usamos la expresión como acto reflejo, pues hasta las referencias que sobrevivieron al terremoto ceden ante la tentación de la nostalgia. El cine Rex dejó de funcionar a inicios de los años noventa, mas sigue usándose como faro válidamente consentido: “De donde fue el cine Rex una cuadra al lago”. El donde fue encierra la añoranza de algo que no queremos que se vaya, y si por alguna razón se fue, que no se vaya para siempre; invocamos el donde fue no solo para repetir lo que se ha ido, sino para que regrese, irguiéndose cual mojón recordatorio capaz de soportar los embates del olvido, como si todas las veces que decimos de donde fue queremos también decir yo estuve allí.  Sigue leyendo

Hacia Sotavento

barcoa

Por Edgard E. Murillo

Este 7 de julio el Barco Azul cumple noventa días de navegar por las aguas de la red empujado gracias a la voluntad de ustedes, amigos lectores. Ha sido una experiencia maravillosa y aleccionadora; nunca pensé que mi voz, que digo, mis letras, llegaran a tantas personas en lugares tan distantes como Vietnam, Noruega o Taiwán. Sentirme leído en esos lugares, y en otros que no pisaré suelo por más que me lo proponga, me hace estar allí de alguna manera.

La entrada “El nicañol” ha sido la más visitada, cosa que me alegra sobremanera porque me ha permitido llevar a tuto un pedacito de mi Nicaragua a los aposentos de los seis continentes (La Antártida cuenta).

La idea inicial del blog fue hacer de él una miscelánea donde cupiera cualquier temática, predominando los cuentos cortos y las anécdotas mejoradas, sin perjuicio de otros asuntos de interés. Creo que he sido coherente hasta la fecha con tal propósito; esto me compromete a mejorar en calidad, lo que quiere decir que tengo que arrancarle más horas al día para cumplir con mi trabajo alimentario y demás, porque no solo de blog vive el hombre, aunque así lo quisiera.

Hemos llegado con la máquina del tiempo a los años ochenta, como la noche que fui sorprendido por un meteoro (aquí), o de cuando volví a ver a una amiga que hacía refrescos de Maracuyá frente a un parque en Matagalpa (aquí).  Incluso, una vez ya fuimos a la Managua de principios del Siglo XIX (aquí), a la celebración del primer matrimonio civil en Nicaragua; y también contamos la actividad de un vendedor muy peculiar en la década de los 60 del siglo pasado (aquí).

No olviden la sorpresa que me llevé en Londres hace algunos años cuando me encontré con una celebridad del espectáculo (aquí); o del día que fui presidente de los Estados Unidos (aquí); o de mis confesiones sobre mis otras mujeres (aquí). La narrativa no es un recurso literario, es una excusa para seguir buscando la felicidad. También pueden leer un micro ensayo sobre el ombligo (aquí), o reflexionar distendidamente acerca del proceso judicial contra Jesús (aquí) y lo que escribí en ocasión al 30 aniversario de la Alfabetización en Nicaragua (aquí)

Agradezco a todos la paciencia por leerme.

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