Amores mojados (Antiaforismos II parte)

Por Edgard E. Murillo

Los suspiros son las excusas que el cuerpo utiliza para seguir pasándola bien.

El sexo es más agua que fuego.

El único momento en que nuestro cuerpo no nos lleva la contraria es cuando estamos enamorados.

Quien se re-enamora alcanza a ver más allá de lo que antes creía era el horizonte.

Cuando Eva ofreció a Adán la manzana, le estaba insinuando la redondez de sus pechos; pero el primer hombre no entendió la seña. Sigue leyendo

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Diabliness

Por Edgard E. Murillo

En una de sus célebres Cartas, C.S. Lewis nos dice que no cree en el Diablo, entendido este como un poder absoluto opuesto a Dios, pues es imposible que exista una perfecta maldad, ya que descartado todo lo bueno — inteligencia, voluntad, memoria, energía y existencia — no quedaría nada de él. Ergo, el Diablo como antípoda del Bien, no existe. Pero Lewis enseguida aclara que sí existen ángeles descarriados, enemistados con Dios, a quienes llama simplemente diablos, siendo Satán el cabecilla o dictador de ellos; de ahí que Satán es el contrario, no de Dios, sino del Arcángel Miguel. Sigue leyendo

Elvis y la teacher

foto BAUTISTA

Por Edgard E. Murillo

El colegio donde estudié desde el segundo grado en adelante había quedado colindante con la zona cercada definida a raíz de la sacudida de aquel diciembre que borró para siempre la entonces capital más bonita de Centroamérica. Afortunadamente los daños a la estructura fueron parciales, lo que permitió que la matrícula escolar del 73 se trasladara provisionalmente a Masaya, a diferencia del Goyena o el Pedagógico que tuvieron que construir nuevas instalaciones fuera del área terremoteada. Como ingresé un año después del seísmo todavía había muchos edificios derruidos a los cuales penetraba con mis amigos después del timbre de salida en busca de muertos y tesoros soterrados, cosa que molestaba sobremanera a míster Wilson, el director, quien a veces nos perseguía entre los escombros sin darnos alcance.  Sigue leyendo

Sofía y el mar

Por Edgard E. Murillo

Anticipada por un escalofrío, Sofía giró lentamente y se tumbó en la playa boca arriba. Una nube nacarina cubría el sol que se recostaba a su izquierda. Al cruzar una pierna y verse el empeine imaginó los pies grandes que tenía Greta Garbo; vio la inmensidad del cielo, ya sin nubes y camaleónico, y pensó en el ruido que hacen las estrellas cuando se están consumiendo; llenó de aire sus pulmones y olió, o supuso oler, el vaho denso y dulzón que sale de las cervecerías caseras de Praga que nunca conocería; el murmullo del oleaje le hizo ver despierta los sueños recurrentes acerca de una remota  erupción volcánica, como la que vio Plinio El Joven desde el promontorio Miseno; cuando atrapó y sopesó un poco de arena en la palma de su mano lamentó que Stephen Hawking no pudiera moverse ni hablar, teniendo tantas cosas que decir; el graznido de una gaviota provocó que evocara el silencio acogedor de las bibliotecas que conoció en su infancia, antes de la invención de la mala educación; su diafragmática respiración le recordó la energía sexual reprimida que debían tener, seguramente, las monjas enclaustradas; intentó percibir la rotación terrestre y pensó que también las caricias podrían circunnavegar; y como siguió acostada en la arena sin reparar en el tiempo, una lengua de espuma llegó a su brazo extendido, por lo que creyó que aquello era la saliva o la leche de la Tierra; y la música que desvaída flotaba desde alguna parte le pareció una insinuación que ansiosa trataba de interpretar. Un cangrejito subió por una de sus caderas y se quedó asustado cerca del ombligo. Sofía sintió cosquillas; entonces se levantó, recogió el mar, lo metió en su bolso y se fue divina a buscar una botella de vino.

Mar para mí

 

 

Música fechada

Por Edgard E. Murillo

Sin la música la vida no tendría sentido, fuera hueca y solemnemente aburrida, incluso peligrosa; el maestro Tchaikovski dijo que si no fuera por la música habría más razones para volverse loco.  La música es connatural al género humano, me atrevería a decir que seguramente jugó un papel decisivo en el proceso evolutivo. Descendemos del primer mono que se puso a bailar cuando le encontró ritmo de cintura a los silbidos. Sigue leyendo

I see dead people

Por Edgard E. Murillo

No sé desde cuándo, el caso es que veo gente muerta; no muerta en sus mortajas, ni cadavéricas, tampoco fantasmagóricas, simplemente las veo en la calle cuando ya están muertas; sucede que las veo sin saber de su desaparición creyéndolas vivas, algo que me confunde pues jamás se me ocurriría que ya están muertas. Sigue leyendo