Los caprichos de la casualidad

 

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Por Edgard E. Murillo

Si de casualidades hablamos, les voy a relatar el episodio que confirma que nuestro país es como un pañuelo doblado, donde todo mundo se conoce. Pido disculpas si me faltan detalles; he tratado de ajustar los hechos tal cual sucedieron tomando en cuenta la virtud que tenemos de obviar ciertas verdades para darles paso a otras aleccionadas por la añoranza. Ustedes me entienden. Vamos que empiezo.

La burbuja que envolvía mi niñez se estremeció por la llegada al vecindario de una familia proveniente de la lejana Somoto. Mis amigos me avisaron que entre los inquilinos había tres niñas preciosas, y claro, me apuré en escoger la mía antes que se me adelantaran. Para no complicar mi existencia elegí a la menor de ellas, porque aparte de ser la más bonita tenía pecas en la cara y eso era un indicativo que podría tratarse de una extranjera, gitana quizás. Supe que se llamaba Cintya y empecé a tratarla como tal, es decir, como Cintya y como mi novia; Carlos se emparejó con la vieja de trece años que se llamaba Casandra y Javier se avino con la de en medio de nombre Ana Rosa, conocida por sus nombres invertidos — Rosa Ana —, pero ella insistía con obstinación en llamarse Roxana, porque la equis le hacía sentirse especial. Sigue leyendo

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El degenere del género

Por Edgard E. Murillo

Que alguien me de consuelo, por favor. Los niveles que tengo para soportar el abuso en contra de la lengua española están siendo rebasados. Ya no se trata de voces altisonantes o esporádicas, como las que provienen de la moda o del feminismo radical, sino que la embestida parece venir de todos los flancos, amenazando al español con demoler sus cimientos.

El asunto empezó con el desdoblamiento los/las, luego con la imposición de la arroba hasta volver insostenible la lectura, y ahora presenciamos escándalos lingüísticos que por decoro no podemos dejar de denunciar, como el político que dijo miembros y miembras. (Cuando escribí miembras en mi ordenador, un subrayado en rojo me dio la alerta, pero conste que jamás daré click en “Agregar al diccionario”) Sigue leyendo

Silencios cósmicos y otras reflexiones

Por Edgard E. Murillo

Así como la paz no solamente es la ausencia de la guerra ¿Puede entenderse el silencio como la ausencia de ruido? ¿Habrá algún lugar donde no se escuche nada, salvo el sonido del silencio, al decir de la canción?  Ese lugar existe: el espacio sideral. Como sabemos, allá arriba (decir arriba es un capricho gravitacional) el sonido no se puede propagar, por lo que solo fuera de nuestra atmósfera podremos percibir el silencio absoluto. En el espacio negro y frío, donde no hay materia, el sonido sencillamente no se oye; dos astronautas pueden hablar entre sí dentro de la nave pero una vez fuera no podrán escucharse mutuamente aunque chillen como Amanda Miguel. Sigue leyendo