¿Tecnología de fantasía?

Por Edgard E. Murillo

Un día de estos soñé que había despertado por la mañana y que la computadora de la sala de mi casa no estaba. Cuando pregunté por ella, mis hijos, viéndose con cara de asombro, dijeron en coro: “¿La qué…?”  Busqué la laptop que guardo en el cajón de la ropa sucia y tampoco la encontré. Espantado, corrí hacia el garaje para ver si estaba todavía el carro, pensando que talvez habíamos sido víctimas de algún robo; sin embargo, allí se encontraba como todo lo demás. Al llegar al trabajo no noté ningún cambio dramático, solo que frente a mi escritorio estaba una pequeña máquina de escribir Olivetti en lugar de una PC con pantalla plana. Supe de inmediato que el mundo informático de mi vida había desaparecido.

La vida que estaba viviendo en el sueño, sin computadoras ni celulares, me hizo reflexionar en el mundo que existía cuando nací, donde las cosas estaban igual, o casi igual, desde hacía bastantes años. Todos los relojes tenían manecillas y las canciones se reproducían por medio de discos de vinilo que giraban ensartados en un tornamesa. Un mundo que se mantuvo manso hasta el languidecimiento del Siglo XX.

El domingo pasado mi hijo de once años me preguntó cómo era la vida antes de los celulares y el internet. Lo primero que se me ocurrió decirle fue que la vida era lenta, bonita pero lenta; se puso a reír y siguió entreteniéndose con un videojuego.

Sin embargo, la vida nunca ha sido lenta. Y si ahora pareciera que vivimos a vértigo, puede tratarse tan solo de un espejismo o una fantasía. Al menos eso es lo que piensa el doctor Tyler Cowen, profesor de la universidad George Mason, quien dijo en su libro The great stagnation (La gran recesión), que si bien el internet y las novísimas tecnologías son algo estupendo, no se pueden comparar con lo que vivieron las generaciones de los países desarrollados del último tercio del S. XIX y los dos primeros del S. XX, pues aquellas vieron cómo entraban a su vida los automóviles, el telégrafo, la radio, el agua corriente y la electricidad, los pequeños electrodomésticos, el teléfono y la televisión “al mismo tiempo que el ferrocarril se expandía a gran velocidad y la medicina conseguía avances sin precedentes que permitieron, junto con las mejoras agrícolas y de la industria alimentaria, que la esperanza de vida de la mayoría se expandiera sin igual”. El doctor Cowen asegura que nuestros adelantos presentes, como las compras en línea o el deslumbramiento por las noticias de último momento, jamás podrán proporcionar un crecimiento en las economías, pues son pocos trascendentes comparados con los del pasado; de ahí que el mundo esté estancado desde los años ochenta, sin que tengamos a la vista panorama halagüeño “por muy entusiasmados que estemos con el retuit o el me gusta”.

La tesis de Cowen puntualiza que la desaceleración del crecimiento en los países del llamado Primer Mundo se debe a que ya se comieron todas las frutas maduras que estaban en la parte baja, no así las economías emergentes que tienen montada su estructura en la toma y adaptación de tecnologías y formas de producción ajenas.

No voy adentrar sobre este último aspecto, puesto no soy experto en la materia; solamente trato de llamar a la reflexión acerca del momento en que nos tocó transitar por este planeta azul, teniendo en cuenta que presumimos que la Humanidad está mejor que hace cincuenta años, algo que me mueve a más dudas que certezas.

En la edición de mayo de 1962 la revista Selecciones del Reader´s Digest publicó un artículo escrito por un tal Robert O´Brien titulado Dentro de cuarenta años (2002), donde vaticina un futuro pletórico de prodigios. El articulista pronostica que para el año 2002 la mitad de la energía probablemente provendrá del mar, en un proceso de fisión nuclear, extrayendo además agua dulce de los océanos; señala con absoluta seguridad que los aviones comerciales despegarán como helicópteros y alcanzarán velocidades de Mach 3; que los camiones serán curiosidades de museos, pues las mercancías serán transportadas por medio de tuberías neumáticas provistas de dispositivos electrónicos que conducirán las cargas a los diferentes países; que las personas utilizarán cinturones-cohetes para dar enormes saltos; que el catarro y otras infecciones que atacan las vías respiratorias “serán un episodio viejo en la historia de la medicina”; que ya se habrá inventado una inyección anticancerosa, y que para entonces viajaremos alegremente en los confines del sistema solar.

O´Brien no pegó ni una sola, salvo lo referido a los teléfonos, los que tendrían “asombrosos perfeccionamientos, tales como pantallas que permitan ver a la persona que está al otro extremo de la línea. No será necesario marcar los números, bastará con pronunciarlos y el aparato hará el resto… El teléfono será la unidad principal de control, ya que por medio de él se manejarán los diversos aparatos domésticos.” Pero O´Brien no menciona nada acerca de las guerras, eternas causantes del atraso y aniquilamiento de las civilizaciones.

Terminada la Guerra Fría, los conflictos armados siguen concibiéndose y azuzándose bajo la misma lógica maniquea y perversa. El Primer Mundo sigue gastando millones y millones de dólares en armas de alta tecnología, como los aviones invisibles y las bombas inteligentes (que son tan brutas como un garrote), en tanto la Humanidad se debate entre las mismas angustias que padecieron las generaciones anteriores.

La revolución en la tecnología de la información es asombrosa, útil y maravillosa; simplifica muchísimas cosas, pero además trae consigo su lado triste. ¿Cuántas personas usan el internet para aprender algún idioma, acceder a un museo, a una biblioteca o a los últimos descubrimientos de la ciencia? Gracias al internet ustedes me están leyendo en estos momentos, pero ¿qué pasaría si mañana nos damos cuenta que el internet ha desaparecido? ¿En dónde quedaríamos tecnológicamente hablando? Posiblemente en 1962. ¿No lo creen?

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Cartel vintage que nunca llegó a existir.

 

 

 

 

 

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3 comentarios en “¿Tecnología de fantasía?

  1. Buena reflexión, y aporto una idea: me interesó lo de las economías emergentes… por eso nos tenemos que apuntar ya al uso de la tecnología porque en los países desarrollados ya la están usando y avanzando, y cambiando. Y esos cambios nos llegan a nosotros solo para que las consumamos. Lo otro: que no me digan que “antes” fue lento, porque a mí se me pasó todo muy rápido. Bromitas aparte: me encanta tu blog y el hecho que lo usés para compartir tus cuentos y también reflexiones sobre la vida cotidiana.

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  2. Mucho de razón hay en lo que dice Cowen, es tanta la información basura con la que se tapa la verdadera información que efectivamente parece que vivimos a vértigo, cuando en realidad estamos viviendo en un mundo de fantasía, de la que gran parte de la población de este mundo no quiere despertarse. Si el analfabetismo, ignorancia, y desinformación fueron la base de la dominación y explotación en nuestro pasado reciente, igual papel juega el internet en la actualidad y con efectos más desvastadores.
    Estar informados en tiempo real y gozar de los adelantos tecnológicos no significa crecimiento económico ni fortalecimiento de las economías emergentes, si seguimos consumiendo tecnología no producida por nosotros y formamos parte de un mercado global donde nuestro papel es de productores de materias primas, porque somos incapaces de adicionar valor agregado a lo que producimos, y de ajuste amamos el “made in” aunque esté hecho en Zona Franca Las Mercedes.
    Se está jugando a crear un síndrome de despersonalización general, que se puede tornar peligroso si llega hasta la pérdida de nuestra identidad. Todos quieren ser Messi, nadie quiere ser científico o médico. Muchedumbres hambrientas e ignorantes idolatran y a veces matan por jugadores de fútbol que ganan más de 10,000 dólares por cada zancada o patada que dan en el terreno de juego. Votan y siguen a caudillos cuyos rostros y discursos llenos de mentiras solo los ven en televisión o en la red.
    Depende de nosotros los seres humanos lo que vamos a hacer con estos adelantos tecnológicos, pues la tecnología igual que un cuchillo; sirve para matar como para cortar nuestros alimentos. Tanto sirve para desarrollarnos con nuevos conocimientos; como para quedarnos idiotizados haciéndole trending al culo de las Kardashian, la última encuerada de Miley Cyrus, o dando “like” a cosas que en el mundo real no nos gustan como el arroz aguado y Michael Jackson.
    Como dice Pink Floyd:
    Did they get you to trade your heroes for ghosts
    Hot ashes for trees
    Hot air for a cool breeze
    Cold comfort for change
    Did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage

    En lo personal si por alguna razón colapsa la red no me veo en 1962 . Me veo disfrutando de un buen blues junto a la playa con una cerveza bien helada en la mano rodeado de mis amigos (esto incluye a las mujeres también), escuchando sus voces, sus olores y sabores, conversando de diversos temas hasta el amanecer, sin estar limitado por el número de palabras ni guatuseado por un “like”, pues viéndoles a los ojos estaré claro de que no les “like” alguna cosa que diga o haga. Jajajajajaja!!
    Un abrazo y que estés bien!!

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