El visitante del Delta Blues

Por Edgard E. Murillo

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El cruce entre la autopista 61 con la 49 en Clarksdale, Mississippi, es el lugar que los amantes del blues y los seguidores de leyendas quisieran conocer. Fue allí mismo, en una noche sin Luna, donde el atormentado Robert Johnson vendió su alma al diablo a cambio de tocar el blues como ningún mortal lo había hecho jamás.

Dos pasiones arrebatadas tuvo Robert Johnson: el blues y las mujeres; la primera de ellas le dio el sentido de la existencia, en tanto la segunda le llevó de la mano hacia un final que bien pudo ser alguna de sus canciones. Habría sido un pescador de aguas mansas, o un dedicado cortador de algodón en las planicies del Sur, como lo habían sido sus abuelos esclavos, pero nada lo sedujo más que cantar y tocar la guitarra. Durante su infancia llevó el apellido Spencer hasta que su madre le contó que su verdadero padre había sido Noah Johnson, un disoluto amante que había desaparecido como si nada, por lo que a partir de entonces  Robert cambió el apellido y decidió buscar a su padre para conocerlo.

Luego de varios incidentes con hombres celosos, Robert se enamoró y se casó con una jovencita de dieciséis años llamada Virginia Travis, quien pronto salió embarazada. El destino golpeó al joven Johnson cuando Virginia muere junto con el bebé en el parto. No son pocos los que creen que ese fatal acontecimiento hizo de Johnson un errante que buscara en el blues el consuelo necesario para curar su sufrimiento.

Tiempo después el muchacho se casó con una viuda de dinero, lo que no impidió que siguiera los pasos de los artistas de blues de la época, llevando una vida  digna de mujeriego impenitente. Con su guitarra Gibson al hombro, viajó por todas las poblaciones del Sur cantando y tocando en cantinas y salones de diversa reputación. Robert tenía corazón para el blues, pero había un problema: si bien sabía tocar la armónica y el arpa, para la guitarra era más bien mediocre. Cuando conoció al bluesman Son House, éste le dijo que mejor tocara la armónica porque carecía de aptitudes para las cuerdas, pero Robert se negaba soplar “aquella cosa”, persistiendo que solamente necesitaba un poco más de práctica.

Un día Robert Johnson dijo que iba en busca de su padre, cogió algunas pertenencias y se perdió por varios meses. A su regreso algo había cambiado en él, mejor dicho, todo había cambiado. Aquel muchacho que rasgueaba torpemente la guitarra se había convertido en un virtuoso guitarrista y en un excelente cantante. Entonces fue cuando el mismo Son House dijo: “Ha vendido su alma al diablo para tocar así”.

La leyenda cuenta que durante aquel retiro misterioso,  caminaba Johnson por una carretera poco transitada, deteniéndose en la intersección de lo que ahora es la Highway 61 con la 49; se sentó en el suelo y empezó a tocar su guitarra. Recordó las críticas por su torpe desempeño guitarrístico e invocó al diablo para pactar con él. Hacia la medianoche un hombre vestido negro llegó caminando silbando una canción; no dudó en plantearle el pacto, convenido el cual, el demonio le dijo que para tocar bien solamente tenía que pasar la mano sobre las cuerdas.

El retorno de Robert Johnson a los salones fue espectacular; quienes asistían a sus presentaciones quedaban impresionados por la técnica que empleaba para tocar la guitarra y por su potente voz fantasmal capaz de inspirar melancolía, recogimiento o asombro, principalmente cuando interpretaba las canciones que hacían alusión al supuesto convenio, como Crossroad blues y la súper versionada Me and the devil blues, cuya letra dice: “Early this morning, when you knocked upon my door, I said: Hello Satan, I believe it´s time to go” (“Temprano esta mañana, cuando llamaron a la puerta, dije: Hola Satán, creo que es hora de partir”).

Dicen que Johnson jamás se quedaba a dormir en ningún pueblo, que andaba como perseguido y que tocaba en penumbras, siempre de espaldas al público para ocultar el rasgueo de su guitarra y los ojos de poseído que ponía al cantar. Grabó veintinueve canciones en solamente ocho meses, siendo su único legado, pues solamente existen pocas fotografías de él.

Los historiadores que se precian de serios afirman que la leyenda fue alimentada deliberadamente por el mismo Johnson; que no hubo ningún diablo en el cruce de carreteras, sino un guitarrista de nombre Ike Zinnerman, quien solía cantar por las noches encima de las lápidas de los cementerios. Sin embargo, los seguidores de Robert Johnson, creen, o quieren creer, en la historia del pacto mefistofélico.

La muerte del músico fue hasta cierto punto predecible. La noche del 13 de agosto de 1938, en la previa de un concierto en el bar “Three forks”, Johnson estaba enamorando a la mujer del dueño del local; al rato recibió una botella abierta, de la cual tomó sin sospechar nada extraño; hacia la mitad de la presentación empezó a sentirse mal, tomó su guitarra y salió a la calle; deambuló por tres días hasta que lo encontraron muerto.

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El aporte de Robert Johnson a la música es inmenso. Su forma de ejecutar la guitarra influenció notablemente en los guitarristas Elmore James y Moody Waters, quienes confeccionaron el Rythm & Blues, plataforma originaria del Rock and Roll. Cuando Keith Richards escuchó su música preguntó que quién tocaba la otra guitarra y le dijeron que nadie, que solamente era una guitarra, la vieja Gibson que Johnson nunca quiso cambiar.

Verdad o mentira, la historia de Robert Johnson es fascinante, y no pasaría de ser otro cuento de pactos oscuros si no fuera porque el mismo Johnson, según mi torcida fantasía, fue delegado por la otra parte contratante para llevar a cabo una tarea infame por el resto de los siglos.

Treinta y un años después de la muerte de Johnson, el músico multi-instrumentalista Brian Jones, fundador de Los Rolling Stones, moría en circunstancias extrañas.

El 18 de septiembre de 1970, el mundo del rock quedó conmocionado al saber que Jimmi Hendrix había sido hallado  ahogado en su propio vómito después de una terrible ingesta de drogas y alcohol.

Un año después, la Reina blanca del blues, Janis Joplin, fallecía a causa de una sobredosis de todo.

En julio de 1971, el carismático líder de The Doors, Jim Morrison, tras librar muchas guerras contra sus propios demonios, fue encontrado muerto en París.

Muchos años adelante, el 5 de abril de 1994, el cantante y guitarrista de Grunge, Kurt Cobain, se pegó un tiro en la cabeza.

Y el 23 de julio de 2011, la cantante británica de blues, Amy Winehouse, moría en circunstancias más buscadas que accidentales, parecidas a las arriba mencionadas.

Como ustedes seguramente lo saben, todas las muertes de estas celebridades sucedieron cuando ellos tenían veintisiete años. La misma edad que tenía Robert Johnson cuando fue envenenado por estricnina.

Siguiendo leyenda originada en el cruce de carreteras en la Mississippi de los años treinta del siglo pasado, se me ocurre que si en verdad el diablo existe, quizás fuese éste quien le encargó a Johnson engrosar las filas del tristemente célebre Club de los 27. O talvez Johnson lo haga ocasionalmente, por puro antojo, para no sentirse solo. Entonces es cuando toca a la puerta de los grandes músicos (toc, toc), para decirles, con una sonrisa en los labios: It´s time to go.

 

 

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2 comentarios en “El visitante del Delta Blues

  1. Sos un bárbaro, la partiste loco!!El Rey del Delta blues.
    La primera vez que lo escuché fue en la BBC de Londres con Me and the Devil Blues, Dust my broom, y Kind Hearted Woman Blues; tenía unos nueve años y me quedé enganchado hasta hoy, fue como descubrir el origen de la vida.
    Sin Johson no existiera el Rock and Roll como lo conocemos hoy. Con el nació la leyenda del Club de los 27 y de los pactos con Satán que envuelve a muchas estrellas de la música verdadera. Concuerdo con vos en que verdad o mentira, la historia de Robert Johnson es fascinante, y que Johnson, fue delegado por la otra parte contratante para llevar a cabo una tarea infame por el resto de los siglos, prueba de ello es esta corta historia:
    Una vez en una noche de tantas puse un cassete de blues que empezaba con Me and the Devil; la novia que entonces tenía me preguntó como se llamaba la canción que escuchaba, le dije y guardó silencio. La siguiente canción era The Devil Got My Woman de Skip James, al escuchar los primeros aullidos de James me preguntó el nombre de la canción y continuó en silencio. Luego vino la tercera canción Dust my broom con Elmore James; ya no me preguntó más, recogió sus cosas y entre el ritmo de slide guitar y la entrada de Muddy Waters con Mannish Boy se fue para siempre por esas calles de la Managua ochentera.
    A inicios de los 90´s la casualidad nos juntó en la Discoteca Juvenil, mientras competíamos por comprar el único disco compacto doble que quedaba de “Ready For The Blues”. Ahí me confesó que lo suyo fue una huída a lo desconocido, pues oír esa musica en ese momento le habia despertado sentimientos y deseos extraños, como si el Diablo se posesionara de ella, que si no corría se volvería loca, que sentia frío y calor intensos, como si mil manos recorrieran su cuerpo y no la dejaran respirar.
    Se fue a New Orleans y ahí tuvo un reencuentro menos dramático con el blues, se reconcilió con la musica que le asustaba pero tambien le gustaba. Hasta hoy no deja de escuchar blues cada vez que puede hacerlo. Las pasiones desbordadas que le ocasionaba esta música no han desaparecido pero ya puede controlarlas. Nunca pactó con el diablo, pero si dejó que esta música se la llevara en medio del llanto, la melancolía y el sonido chillón de las guitarras, armónicas e historias vividas por los diferentes exponentes.

    De tal manera que todos hemos tenido esa influencia temprana de Bob Johnson de una u otra forma. Jajajajaja!! Hoy será una noche de blues!!
    Saludos hermano y que estés bien!!
    Best Blues Songs Of All Time https://youtu.be/fjHDI8lgOls
    Hay tres películas buenas que te recomiendo ver (las podes encontrar en pelispediatv) Cadillac Records, Bessie, Get up on.

    Le gusta a 1 persona

    • Bonita historia; gracias Víctor, talvez un día cenamos con tu ex novia y escuchamos buena música acompañada de unos seis tragos de whiskey, o los que podamos soportar, recordando al Rey del Delta Blues. Saludos!

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