Tres minicuentos del espacio impúdico

Por Edgard E. Murillo

 MUNDO RESPETABLE

Al fondo del universo, tras la línea divisoria que separa lo que empezó una vez y lo que acaso será, existe un planeta, posiblemente de algún mundo reacio, donde habitan las almas de las mujeres de dudosa reputación. En fecha calculada en términos de luz, cuando el cosmos conocido llegue a ese planeta extraviado, las  almas de las mujeres de dudosa reputación serán liberadas y se fusionarán en número atómico con los cuerpos de las inmaculadas habidas y por haber; de esa manera, por fin, el espacio y el tiempo serán cosa menos complicada, y los prejuicios mutarán en leyendas y mitos agradablemente aceptados, por capricho universal.

LA MUSA DE AFUERA

Sonatina es una extraterrestre que cayó a la Tierra por accidente. Sus padres habían eyectado su cochecito espacial mientras hacían el amor en el último anillo de Saturno para no perderse el coletazo del cometa Halley. Sonatina es alta, ligeramente azul y como tiene sangre fría su proceso de apareamiento puede demorarse cuatro días terrestres sin descanso, cosa que derrumba a sus parejas masculinas mayores de veinte años. Ella se pone triste por eso. Un día Sonatina salió a dar una vuelta (siendo extraterrestre sus vueltas podían llevarla al pasado o al futuro sin mayores problemas) y encontró a un nicaragüense que miraba fijamente un árbol apenas sensitivo. El hombre le preguntó por su tristeza y le hizo un poema. Lo demás es poesía conocida.

 ORBITA CALIENTE

A 400 de kilómetros de la Tierra, Irina Shevchenko, Olga Smírnov y Andrei Bobnar estaban aburridos. Fue Olga a quien se le ocurrió hacer un trío anti gravitacional porque Andrei llevaba ya cinco meses en la Estación Espacial Internacional sin tener ningún sueño mojado. Irina puso una película porno en su Tablet y se desnudaron. Nada. Se trenzaron y solamente flotaban babas de tanta risa. Andrei no lograba vencer la gravedad con su miembro porque sospechaba que Vladimir Putin lo veía, riéndose, desde una cámara escondida. Entonces, Olga apagó las luces, puso música de Adele y dieron más vueltas que un toroencuetado en fiestas de Santo Domingo. Y aterrizaron felices los tres.

Orbita

Kate Upton, en gravedad cero.

Anuncios

4 comentarios en “Tres minicuentos del espacio impúdico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s