Querido diario

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Por Edgard E. Murillo

3 de diciembre

La nariz no debió haber existido, hubiese bastado un par de hoyitos en la cara, al estilo Michael Jackson. Digo esto porque uno tiene que inclinar la cabeza (siempre al mismo lado) para lograr un beso decente.

El karma, el feng-shui y la telequinesis no me interesan en absoluto. Soy más de cosas que hacen reír, como leer el Diario Debate de la Asamblea Nacional o cortarme las uñas los domingos por la noche.

Sigo creyendo que los Rolling Stones la siguen fumando verde.

5 de diciembre

Mi amiga D.S. se las tira de femme fatale. Tiene su gracia, es verdad, pero si conoce a un varón y éste no le piropea, enseguida lo tilda de invertido. Ayer la vi y lucía maravillosa.

Pasé tres horas tratando de recordar el nombre del actor de la película La Naranja Mecánica. Cuando el nombre estalló en mi cabeza casi salgo corriendo como Arquímedes de Siracusa. En tanga, por supuesto.

No me quita el sueño haber dejado a medio palo la Divina Comedia. A Dante se le olvidó poner que sus lectores quedarían perdidos para siempre en el Purgatorio. Sigue leyendo

Las categorías del amor

Por Edgard E. Murillo

Las mujeres son excelentes conversadoras; no hay ninguna que, por muy callada que sea, se quede sin decir nada frente a la posibilidad de una buena argumentación o un delicioso cuestionario. Sin embargo son reacias para hablar asuntos del amor. Hace unos años pregunté a varias amigas que cuántas veces se habían enamorado. Curioso: Las respuestas que me dieron guardaban idéntica relación con el número de hijos que habían tenido en aquellos casos que los hijos eran de diferentes hombres. Así, Rosa, que tenía un hijo de Juan y otro de Fernando, dijo que se había enamorado dos veces; y Marina, que tenía un hijo de David, otro de Ángel y una niña de Ramiro, dijo que solamente se había enamorado en tres ocasiones. Las que no tenían hijos anunciaban la cifra atendiendo el número de hombres que yo les había conocido. Ninguna expresó haberse enamorado más de tres veces. Mentirosas todas. Vivir en un mundo machista empuja a las mujeres a esconder su palmarés amatorio. Es como un reflejo de autodefensa. Pero tampoco se vale mentir diciendo que solo se han enamorado una o dos veces y que nunca más de tres. Sigue leyendo

Esperar por siempre

Por Edgard E. Murillo

Hace unos años en la ciudad de Monterrey falleció Rebeca Méndez. La historia de esta mujer hubiese pasado un tanto desapercibida si no ha sido porque el grupo Maná contó su penar en la preciosa canción En el Muelle de San Blas.

En 1971 Rebeca estaba enamorada de Manuel, un joven que se ganaba la vida pescando en el Golfo de California con quien se había comprometido en matrimonio. Una mañana de miércoles Manuel y otros pescadores subieron a un pequeño bote y se hicieron a la mar. Ni él ni sus compañeros de oficio quisieron respetar las bravuconadas de una tormenta con nombre de mujer que azotaba las costillas de México desde hacía varios días. Jamás regresaron. Sigue leyendo

Carta al Niño Dios

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Por Edgard E. Murillo

Querido Niño Dios, como este año me porté muy bien, quiero que para Navidad me traigás lo siguiente:

Ocho cajas de cervezas Heineken.

El disco de Duran Duran que solo vos sabés quién me lo robó.

Un estuche de acuarela para ver si todavía me acuerdo de pintar.

Un bombo, dos platillos y tres tambores (Ya tengo las baquetas).

Una botella de vodka firmada por Vladímir Vladímirovich Putin. Sigue leyendo