Las categorías del amor

Por Edgard E. Murillo

Las mujeres son excelentes conversadoras; no hay ninguna que, por muy callada que sea, se quede sin decir nada frente a la posibilidad de una buena argumentación o un delicioso cuestionario. Sin embargo son reacias para hablar asuntos del amor. Hace unos años pregunté a varias amigas que cuántas veces se habían enamorado. Curioso: Las respuestas que me dieron guardaban idéntica relación con el número de hijos que habían tenido en aquellos casos que los hijos eran de diferentes hombres. Así, Rosa, que tenía un hijo de Juan y otro de Fernando, dijo que se había enamorado dos veces; y Marina, que tenía un hijo de David, otro de Ángel y una niña de Ramiro, dijo que solamente se había enamorado en tres ocasiones. Las que no tenían hijos anunciaban la cifra atendiendo el número de hombres que yo les había conocido. Ninguna expresó haberse enamorado más de tres veces. Mentirosas todas. Vivir en un mundo machista empuja a las mujeres a esconder su palmarés amatorio. Es como un reflejo de autodefensa. Pero tampoco se vale mentir diciendo que solo se han enamorado una o dos veces y que nunca más de tres.

Las mentiras de las mujeres denotan ribetes cada vez más fantásticos en la medida que las preguntas se tornan confianzudas, o si se quiere, atrevidas. No son pocas las que se vuelan las trancas cuando en la intimidad te dicen, sin empacho alguno, que sos el segundo en su vida; o las que habiendo sido casadas, ante algún requerimiento intrépido de su nuevo amante, confiesan: “Eso jamás lo he hecho”, para luego agregar: “Ni siquiera con mi ex marido”.

Las mentiras de los hombres tienen otras fuentes y vertientes que las justifican, pero las abordaremos en otra ocasión; por el momento adelantamos que, al igual que las mujeres, muchos mentimos en la intimidad o cuando nos toca responder a la sencilla pregunta de cuántas veces nos hemos enamorado. La respuesta es la misma: nunca más de tres. Hipócritas también.

Yo me he enamorado unas cuatro o cinco veces en mi vida, talvez más, no me acuerdo. Todos nos hemos enamorado superando la barrera de la cifra de tres tan mentirosamente repetida. Lo que pasa es que nos enamoramos en diferentes grados de intensidad. Ningún enamoramiento se parece a otro, en parte porque todas las mujeres/hombres somos diferentes, y por lo mismo despertamos reacciones inéditas en dependencia de la forma de los labios y el alma de la otra persona. De ahí que en algunas ocasiones el enamoramiento vuele rasante, raquítico y descolorido; mientras que en otras se comporte altanero, abrillantado y oloroso.

Para explicar los diferentes grados de enamoramientos tomaré prestada la escala Saffir-Simpson que se emplea para categorizar a los huracanes. Como saben, este rasero sirve para medir el grado de destrucción de los huracanes, pero en nuestro caso la aplicaremos para clasificar las pasiones de pareja y confirmar nuestra tesis que estamos en capacidad de enamorarnos más allá de la maldita cifra de tres. Hay, pues, enamoramientos desde categoría uno, que son los más flojos, hasta los de categoría cinco, que llevan consigo tanta energía que pueden conseguir la fisión atómica sin más utensilios que el sudor y la saliva.

Sabemos que el enamoramiento de una pareja se encuentra en categoría UNO si el trato es insinuado, casi indiferente. Se da mucho entre las jalencias de adolescentes y en noviazgos de aproximación. Dado el exiguo entusiasmo de este nivel, donde los besos se dan por darse y no despiertan la más mínima cosquilla en el vientre, es muy difícil que la relación pueda prosperar al grado de enamoramiento posterior. No hay ansiedad de espera ni química, tan solo un automático tic, como cuando alguien pone “Me gusta” en el Facebook.

La siguiente categoría, la DOS, tiene como característica más relevante el encandilamiento físico. Caderas, piel, boca, pelo, lo que sea; pero que te guste. Sabés que estás en este nivel si hay cierto orgullo de andar en la calle con tu pareja. Es una especie de presunción exhibicionista. Si hay sexo, es intrascendente. Si no lo hay, es mejor una película de Chabelo. Las parejas que antes fueron buenos amigos no pasarán jamás de este nivel.

La categoría TRES acontece cuando existe cierto aferramiento al otro sin que derive en dependencia. La comunicación es constante. Hay chateo y lengüeteo correspondido sin que cansen los dedos ni el pegue de las lenguas. Empieza a dispararse una palabra de forma indiscriminada: TE QUIERO.  La mayoría de las relaciones se encuadran en esta categoría, no por falta que voluntad sino porque desconocen que existen otras dos. Creen que el amor llega hasta allí. Los buenos romances pueden arribar a este nivel sin necesidad de pasar por las dos anteriores.

El enamoramiento categoría CUATRO hace bastante bulla por su desparpajo. El mundo cobra sentido para los tórtolos; no hay sombra ni excusa que desaprovechen para pasarla juntos. El sosiego sólo se logra en compañía. Esta categoría es la adecuada para contraer matrimonio o llevarse de juida a la novia puesto que nadie se extrañará de tal decisión. En otras palabras, ya era tiempo.

La última categoría, la CINCO, abrasa y coquetea con los principios filosóficos del bien y el mal. Espuma y noche que convergen en desfallecimientos susurrantes. Tanto el hombre como la mujer sienten agradable TODO del otro. Nada le hiede, dice Aniceto Prieto. Sin embargo, por alguna razón que no se acaba de entender, la mayoría de las parejas star-crossed lovers, es decir, aquellas cuyos amores nacen bajo el signo de la imposibilidad, se encuentran en esta categoría. Talvez esto se deba a que los dioses del Amor sepan de antemano que los involucrados no podrán soportar las consecuencias de sus arrebatos.

Cuidado se confunden y crean que una vez ubicados en una categoría van a subir a la otra como si se tratase de una  alegre promoción. Puede suceder que haya degradaciones, como por ejemplo que una relación que está en categoría CUATRO pase a categoría TRES. También podría suceder (se da a menudo) que un enamoramiento de categoría DOS degrade, no en categoría UNO, sino en una “tormenta tropical”, o peor aún, en un “Eje de Vaguada”, siendo éstos últimos la mitad de los enamoramientos que yo he padecido.

Cabe hacer la aclaración que los cinco niveles descritos se refieren al enamoramiento recíproco experimentado por las parejas, no por lo que pudiera sentir una persona en solitario hacia otra que ni cuenta se da (Amor Platónico) o hacia otra que sí se da cuenta pero que se hace la desentendida (Amor pendejo).

Quedando entendidos todos de las categorías del amor, si alguna persona manifiesta que solo se ha enamorado una o dos veces en su vida; están ustedes en posición de decirles, con toda la autoridad del mundo: Que te crea Yeyo.

Pierre_Matisse_LEscalier_Damour_Stairway_to_Love

Pintura de Pierre Matisse, Le Scalier Damour

 

 

 

 

 

 

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