Querido diario

diario

Por Edgard E. Murillo

3 de diciembre

La nariz no debió haber existido, hubiese bastado un par de hoyitos en la cara, al estilo Michael Jackson. Digo esto porque uno tiene que inclinar la cabeza (siempre al mismo lado) para lograr un beso decente.

El karma, el feng-shui y la telequinesis no me interesan en absoluto. Soy más de cosas que hacen reír, como leer el Diario Debate de la Asamblea Nacional o cortarme las uñas los domingos por la noche.

Sigo creyendo que los Rolling Stones la siguen fumando verde.

5 de diciembre

Mi amiga D.S. se las tira de femme fatale. Tiene su gracia, es verdad, pero si conoce a un varón y éste no le piropea, enseguida lo tilda de invertido. Ayer la vi y lucía maravillosa.

Pasé tres horas tratando de recordar el nombre del actor de la película La Naranja Mecánica. Cuando el nombre estalló en mi cabeza casi salgo corriendo como Arquímedes de Siracusa. En tanga, por supuesto.

No me quita el sueño haber dejado a medio palo la Divina Comedia. A Dante se le olvidó poner que sus lectores quedarían perdidos para siempre en el Purgatorio.

6 de diciembre

Hoy que anduve de compras en el mercado Israel Lewites miré un cangrejo muerto. No hay tal inmortalidad.

9 de diciembre

Julieta me contó que el mayor error de su vida fue declarar su amor bajo la incandescencia de la luna llena. “No pude con los efectos secundarios”, me dijo acongojada. No le pregunté cuáles, pero me los imagino.

10 de diciembre

“I´m bare of Money” dicen los que hablan inglés cuando no tienen un centavo en los bolsillos. Los nicas decimos: Ando en las Malvinas, Estoy palmado. A propósito, pondré a la venta uno de mis perros para sufragar los gastos navideños. Está desparasitado y es vegetariano.

Las contraseñas de las redes sociales las escribí en árabe, pero con tantos prejuicios islámicos me pasaré al japonés, o mejor aun, al mongol.

Si recordamos el primer beso podemos perfectamente recordar el cuadrado de la hipotenusa.

Estoy plenamente convencido que las cartas de amor deben escribirse a mano y en cursiva, so pena de insinceridad.

11 de diciembre

Kevin Costner en una película dijo que los EEUU habían aportado a la Humanidad tres grandes cosas: la Constitución, el béisbol y el rocanrol. Olvidó mencionar las pacas de ropa usada.

El tiempo se contrae o se expande según el orden de las cosas que dejamos de hacer, porque los hombres y las mujeres somos más de lo que no hemos sido por dejar de hacer, que lo que somos por haber hecho. Yo quise ser bibliotecario pero soy abogado, ergo, soy un bibliotecario frustrado más que un abogado feliz.

13 de diciembre

Hace veintisiete años con cincuenta y dos días, a las dos con veinticinco minutos de la tarde, estaba yo en Pochomil haciendo fila para ducharme. Desde alguna roconola sonaba la canción La negra Tomasa. Bajo el chorro de agua una muchacha de bikini amarillo con mariposas giraba despacito para que la arena se escurriera por sus piernas bronceadas. Medía uno sesenta y cinco, calzaba treinta y siete, tenía pecas en la espalda y ojos color avellana. Dos de las uñas de su mano izquierda estaban sin pintar. Me dijo su nombre pero lo olvidé. ¿Quién demonios podría recordar algo tan superfluo como un nombre?

14 de diciembre

Anoche soñé que yo era miembro de un comando intergaláctico que tenía por misión limpiar de escorias el universo. Podía volar y retroceder en el tiempo, viajar más rápido que la luz y resucitar a los que morían en combate. De esas propiedades la que más me gustaba era volver al pasado. Sin consultarle a mis superiores volví a 1971. Era de noche, había poca iluminación pero reconocí en seguida la casa de mi abuelita, sobre cuya fachada sobresalía una fascia de concreto. Quise entrar a la casa para volverla a ver y conocer a mis tíos en sus veinte. Me faltó valor. Podía morir de la emoción. Decidí regresar a mi nave espacial que estaba suspendida a unos diez kilómetros arriba de mi cabeza. No me tomó mucho esfuerzo volar hasta llegar a la escotilla inferior de la nave; de hecho solamente di un pequeño brinco. Luego circundé la Tierra seiscientas veinte veces para ver seiscientas veinte veces el amanecer. En otro planeta participé en la resurrección de un muerto. Fue un proceso algo complicado pero efectivo. Si el muerto llevaba muchos años de muerto el reavivamiento duraba un poco más de lo normal. El muerto que reviví era un tipo que había dejado su mundo hacía veinte siglos, así que volvió a respirar en el término de veinte minutos. No recuerdo el nombre del comando. Tampoco el nombre de mis jefes.

15 de diciembre

Anoche no soñé nada.

16 de diciembre

Por la tarde abriré una botella de vodka porque hay un par de naranjas que me están haciendo mueca.

Cada vez que voy a los centros comerciales evito entrar a las tiendas donde hay espejos de cuerpo entero. Falsean mucho la realidad.

En estas vacaciones de fin de año subiré al Mombacho. A lo mejor regresa Cindy Lauper y cantamos a dúo A través de la noche.

Desde que tengo fb no voy a la iglesia. Ni falta que hace con tantos amenes y “Si no te da pena pégalo en tu muro”.

17 de diciembre

El próximo sábado caminaré por las tres etapas del Puerto Salvador Allende a buscar lo que no se me ha perdido. Si lo encuentro, es mío; si no, nunca lo fue.

Haré una lista de personas a quienes debo disculpas. Al niño que empujé a un charco de aguas negras cuando yo tenía seis años; a la novia que dejé llorando aquella noche de cielo estrellado (Le dije que estaba enamorado de su mejor amiga y disertó sobre la tijera que había recortado a todos los malditos hombres); a la vecina que le puse el apodo que todavía soporta… A ver si concluyo la lista para Año Nuevo.

Tengo antojo de dados de pescado, tofú con vegetales, camarones al ajillo y un par de cervezas toñas. Hoy empiezo con las toñas.

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