Libros perdidos, cosas guardadas

libros perdidos

Por Edgard E. Murillo

¿Cuántos de nosotros aprovechamos los descuentos que ofrecen Hispamer y Literato, las librerías más grandes del país? No vamos a negar que los precios de algunos libros sean excesivamente caros, pues según la lógica de la ley del mercado, esto es un asunto íntimo y matemático entre doña oferta y su compinche, la temperamental demanda. Es decir, entre más libros se vendan, los precios de los mismos tienden a  la baja. Sin embargo, no sé realmente cómo funciona la cosa porque a veces la dinámica oferta-demanda se pone patas arriba. Para alguien que gana el salario mínimo, comprar una novela de Rosa Montero o Murakami cuesta cinco o seis días de trabajo, pero La Historia del Tiempo de Stephen Hawking vale por dos días laborados. Me pregunto: siendo este un país donde se lee poquísima literatura científica ¿Por qué cuesta más una novela que un libro de Hawking? Que alguien me explique. Sigue leyendo

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Mi banda sonora

Por Edgard E. Murillo

Un día me puse a pensar en el soundtrack de mi vida, es decir, de aquellas canciones ligadas a eventos o situaciones dignas de recordación en cada una de mis edades. Tomé un lápiz y escribí rápidamente. Lo hice de una manera automática, fluida y de sopetón. Quise respetar el formato de las catorce canciones que contenían los LP para no hacer la lista muy extensa. Espero tengan la paciencia de leer cada comentario y ver cada video tanto como la tuve yo para vivir cada una de las canciones. Sigue leyendo

Para no desesperar en el cielo

Por Edgard E. Murillo

Hace un año fui a la Corte Suprema de Justicia a entregar el reporte de las escrituras que como notario había autorizado el año anterior. A las nueve de la mañana ya había más de cien personas sentadas y otras tantas de pie. Le hice un lugar a mi colega Patricia quien se incorporó a la fila después de realizar unas gestiones en Secretaría. Detrás de varias mesas pegaditas cubiertas de manteles blancos que aparentaban ser una sola mesa, seis guapas funcionarias recibían los documentos con esmero y lupa, como debe ser.

Mientras la fila avanzaba con lentitud recordé mis temores acerca del ingreso al cielo, o en su defecto el infierno, dependiendo de criterios que no vienen al caso mencionar. Le dije a Patricia que seguramente la entrada al cielo debe ser muy bulliciosa e incómoda debido a la cantidad de personas que se disponen penetrar por una única puerta. Y aun habiendo seis recepciones — como en la Corte Suprema — o diez o cien, siempre habría atraso e inconformidad. ¿Cuántas personas mueren cada día? Durante la Segunda Guerra Mundial la cantidad diaria de muertes a causa de las bombas, los balazos y el hambre, superaban los 22,000. Eso sin contar las muertes naturales. Supongo que todas las personas muertas en una guerra, por el hecho de morir prematuramente y de forma violenta, tienen visa segura al cielo. Si es así entonces hay más gente (o almas) en el cielo que en el infierno. Patricia me dijo que en caso que la fila en el cielo estuviere muy larga, ella me guardaría un lugar con mucho gusto, en el entendido que tomara ella la delantera. Yo también, le respondí con agradecimiento. Sigue leyendo

¿Toda infancia pasada fue mejor?

infancia

“Al igual que el agua, el gas o la corriente eléctrica llegan desde lejos a nuestras casas para satisfacer nuestras necesidades con el mínimo esfuerzo, llegaremos a ser alimentados con imágenes y sonidos, que surgirán  y desaparecerán  al mínimo gesto, con una simple señal.”

Paul Valéry, “La conquête de l’ubiquité”, 1934.

La infancia que recuerdo aconteció durante la década de los años 70. De entonces muchas cosas tengo presente porque las impresiones visuales eran ínfimas si las comparamos con las actuales. Sólo había dos canales de televisión, a veces tres, y la programación empezaba a media tarde, excepto el breve espacio de las noticias y los muñequitos del mediodía. Eso estaba bien porque la chavalada regresaba de la escuela y disfrutaba el almuerzo viendo los dibujos animados; luego nuestras madres exigían (no pedían) que hiciéramos las tareas escolares, hechas las cuales salíamos a retozar con los amigos del vecindario hasta que escuchábamos el grito que ya era hora de cenar. Tal cual era la rutina vespertina de los días de semana. Debido a que cuando uno es niño el mundo transcurre despacio, los programas y las películas que veíamos en la TV las fuimos acomodando, sin querer queriendo, con los eventos de nuestra existencia infantil, es así como puedo asociar un cumpleaños de una prima, o una pelea de Muhammad Alí, con un episodio de Hawaii Five-0 o Daktari. Sigue leyendo

2016: Propósitos y predicciones

 

prediccionesPor Edgard E. Murillo

Propósitos

Me divierte la actitud de algunas personas que hacen alardes de sus propósitos de año nuevo en los primeros días de enero. Mi primera sorpresa fue hoy por la mañana durante mi caminata habitual de treinta minutos. En diciembre pasado las callejuelas que recorro estaban tan desoladas que ni lo perros ladraban, incluso las hojas de los árboles caían despacio como para no hacer ruido; por ello me abstenía apesarado de escuchar música con audífonos, no fuese a ser que me dieran un garrotazo sin saber la procedencia. A veces encontraba a un señor canoso con pantalón buzo que movía los brazos tal si compitiera el cruce de la laguna de Xiloá y otros días coincidía con una muchacha emplasticada de rojo que nunca olvidaba decir buenos días. ¡Pero hoy sucedió algo inusitado! Sigue leyendo