¿Toda infancia pasada fue mejor?

infancia

“Al igual que el agua, el gas o la corriente eléctrica llegan desde lejos a nuestras casas para satisfacer nuestras necesidades con el mínimo esfuerzo, llegaremos a ser alimentados con imágenes y sonidos, que surgirán  y desaparecerán  al mínimo gesto, con una simple señal.”

Paul Valéry, “La conquête de l’ubiquité”, 1934.

La infancia que recuerdo aconteció durante la década de los años 70. De entonces muchas cosas tengo presente porque las impresiones visuales eran ínfimas si las comparamos con las actuales. Sólo había dos canales de televisión, a veces tres, y la programación empezaba a media tarde, excepto el breve espacio de las noticias y los muñequitos del mediodía. Eso estaba bien porque la chavalada regresaba de la escuela y disfrutaba el almuerzo viendo los dibujos animados; luego nuestras madres exigían (no pedían) que hiciéramos las tareas escolares, hechas las cuales salíamos a retozar con los amigos del vecindario hasta que escuchábamos el grito que ya era hora de cenar. Tal cual era la rutina vespertina de los días de semana. Debido a que cuando uno es niño el mundo transcurre despacio, los programas y las películas que veíamos en la TV las fuimos acomodando, sin querer queriendo, con los eventos de nuestra existencia infantil, es así como puedo asociar un cumpleaños de una prima, o una pelea de Muhammad Alí, con un episodio de Hawaii Five-0 o Daktari.

¿Podrán los niños del siglo XXI cuando sean adultos vincular sus recuerdos con alguna de las miles de imágenes y sonidos a que están expuestos todo el día a través de la TV y el Internet? Es posible que sí pero es difícil que puedan recordar la portada de un libro o la canción de un programa de televisión con la misma nitidez como la recordamos los nacidos hace más de cuatro décadas. Estamos claros que la experiencia tecnológica que distingue a la Generación Z proporciona a quienes la integran novísimas habilidades desconocidas en épocas apenas pasadas, pero tengo mis reservas si ellos se convertirán en ciudadanos más sensibles, o si se quiere, con más espíritu ponderado que nosotros.

Hace algunos años el escritor norteamericano Nicholas Carr escribió un libro titulado What the Internet Is Doing to Our Brains (Lo que está haciendo el Internet con nuestros cerebros), donde explica que nuestros hábitos en la Red son lo suficientemente  sistemáticos, repetitivos e instantáneos como para reamueblar nuestro mapa neuronal y “reprogramar” nuestro proceso de pensamiento de forma casi irreversible. Afirma que cuando uno navega en internet la actividad cerebral está enfocada en muchísimas cosas a la vez, como decidir si darle click o no a un enlace en cuestión de microsegundos, sin contar con el acoso constante de avisos de actualización y titulares que sacuden nuestra capacidad de concentración, alterando consecuentemente la forma en que procesamos lo percibido por nuestros sentidos. Pasamos horas tras horas frente a una pantalla, las más de las veces sin detenernos ante un texto más o menos extenso. “Es verdad”, dice, “que leemos más que nunca, pero no nos enteramos de nada.”

O sea, leemos de todo un poco, y también, nada de nada.

Somos afectados por el bombardeo incesante de información (chatarra en su mayoría) desde el momento que abrimos los servidores de Yahoo o MSN. Noticias como “Sandra Bullock enseña radiante el sostén” “¿De quién es este tatuaje?”, “Celebs con efecto yo-yo”, “Escotes que quitan el hipo”, “Vicky sale de casa en camisón”, “Famosos que sudan demasiado”, “Actriz con look desastroso”, “Las antiestéticas estrías de esta famosa” o “El trasero de Heidi Klum”, creo que más bien sirven para atontar que para asociar ideas o edificar el espíritu, aunque quisiera yo saber cuáles son los escotes que quitan el hipo.

En esta loca carrera – sigue Carr – sacrificamos la capacidad de hacer algo con la desmesurada información que recibimos  “abandonando los procesos cognitivos que llegaron a nosotros con la popularización del libro y que tienen que ver con la adquisición de conocimiento, la creatividad, el pensamiento crítico, la originalidad, el análisis y la reflexión.”

¿Me acordaré dentro de diez años de las celebridades que tienen efecto yo-yo? Absolutamente no. Pero sí recuerdo que Bonanza se transmitía los sábados por las tardes, a continuación de La Novicia Voladora, y que después de leer un párrafo de un libro bajo la sombra de un árbol, me tomaba el tiempo suficiente para reflexionar, recrear y soñar.

Por: Edgard E. Murillo

 

 

 

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4 comentarios en “¿Toda infancia pasada fue mejor?

  1. “Too Much Information” (Duran Duran)

    Destroyed by MTV,
    I hate to bite the hand that
    Feeds me so much information
    The Pressure’s on the screen
    To sell you things that you don’t need
    It’s too much information for me

    Hey TV Child look into my eyes
    Here by intervention I want your attention

    Promotion Boy in a suit and tie
    He wants you to use it
    You’re too shot to loose it….

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  2. Mientras más aprendamos cómo funciona la nueva era de la información, más selectivos aprendemos a ser. Hace cinco años también terminaba leyendo sobre el sostén de Sandra Bullock. Ahora ya no, pues empecé a aprender cómo funcionaba el nuevo sistema de la información y aprendí a sortear y filtrar. Ahora tengo muchísimo más acceso a buena información y a mejor calidad de programas de televiisión que cuando entusiasmada me sentada frente a la mísera programación televisiva que llenó mi infancia y mi adolescencia en Nicaragua. Me alegro que ese tiempo ya no volverá, y por eso tenemos que aprender ay enseñar a la gente más joven a filtrar la información y enriquecerse de toda la maravilla que nos ofrece la internet. Vengo de navegar por Pompeya, que hicieron un sitio interactivo para visitarlo ¿ya fuiste a ver?

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    • Sí Mildred, y esa es precisamente la conclusión de Carr; el problema es que países como el nuestro, a punta de tecnología de la información no saldrán de la pobreza, por eso el filtro del que hablás debe ser más eficiente que cualquier otro. Yo estoy maravillado con el Internet (Ya ves, si no ha sido por él quizás no nos hubiésemos conocido), pero todo tiene su pros y sus contras, y yo me subo en los pros. Un abrazo y te espero en marzo.

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