Mi banda sonora

Por Edgard E. Murillo

Un día me puse a pensar en el soundtrack de mi vida, es decir, de aquellas canciones ligadas a eventos o situaciones dignas de recordación en cada una de mis edades. Tomé un lápiz y escribí rápidamente. Lo hice de una manera automática, fluida y de sopetón. Quise respetar el formato de las catorce canciones que contenían los LP para no hacer la lista muy extensa. Espero tengan la paciencia de leer cada comentario y ver cada video tanto como la tuve yo para vivir cada una de las canciones.

Lado A:

1. – Love me do (The Beatles)

Ópera prima de los liverpulianos, aunque sin Ringo en la versión del formato de larga duración porque George Martin consideraba que no estaba a la altura de la ejecución. En la versión del sencillo (que comparto en este post), aparte de la sustitución de Ringo por un batero de estudio, Paul toca el bajo un poco más pausado que la versión del LP. Haciendo la espera para el biberón, la escuchaba sonar en un pequeño tocadiscos forrado de formica todas las mañanas en casa de mi abuela paterna. El dulcete sonido de la armónica me hace evocar el patio siempre sombreado por las hojas de los palos de mango que entrecruzaban por lo alto; escucho el tic tac del reloj de pared que estaba sobre el pasillo a la par de las retrateras y el ruido del chorro de agua del lavandero. Medio en serio medio en broma, siempre digo que mis padres me hicieron escuchando esa canción. Un año después de Love me do, el dique la beatlemanía estaba pronto a romperse.

2.- El Extraño del Pelo Largo (La joven guardia)

Esta canción me ponía a bailar de forma irremediable y desvergonzada. Dice mi mamá que cuando íbamos por las calles y de alguna casa sonaba El Extraño del Pelo Largo yo empezaba a bailar y cantarla, coros incluidos, hasta que terminaba. Tuvieron que comprar el disco para aplacar mi fervor por La Joven Guardia. Fue mi canción insignia preescolar. Siempre que la escucho me parece también advertir el silbatazo del ferrocarril deslizándose por la Carretera Norte cuando el mundo que se abría ante mis ojos parecía muy, pero muy reciente, como en efecto lo era.

3.- El paso de la mona (Hugo Blanco)

Canción de clavar que salía de las baratas (altoparlantes) de todos los circos ambulantes de barrio. Cuando tenía cuatro años esa canción me anunciaba una mujer de leotardo celeste con los pies descalzos haciendo acrobacias sobre un redondel de aserrín; la mujer, menuda y pintarrajeada, lanzaba besos al público arrancando aplausos de los niños y babas de sus padres. Yo aplaudía y me preguntaba cómo no se quebraba un hueso o no se le rompía el vestido. Años después vi un rótulo de una cantina que decía ElPaso de la Mona. Supongo que fue por la cumbia de don Hugo Blanco, o talvez porque su dueño recordaba a la contorsionista del ombligo pelado.

4. – Proud Mary (Creedence Clearwater revival)

Una de las más cadenciosas y populares de los peludos de California fue sin duda Orgullosa María. Los CCR fue la primera banda americana, o acaso la única hasta el momento, que todo lo que tocaba se convertía en oro. Los hermanos Fogerty eran muy talentosos, lástima que su música aquí era asociada con los quemones de mariguana y los conspiradores que apedreaban, con mucha razón, a la Jurumba (las patrullas de la Guardia Nacional). Para entonces yo aprendía a leer y andar en bicicleta. Y entre esos aprendizajes, como queriendo mucho la cosa, empezó mi gusto rockero. Estoy exento de culpa.

5. – Love is Blue (Paul Mauriat)

A mediados de los años setenta pasaba un vendedor ambulante de discos cargando un enorme bolso negro. Llevaba de todo: Los Churumbeles de España, Paul Anka, villancicos navideños, La Sonora Matancera. No recuerdo si vendía discos de 45 RPM, y si lo hacía, éstos no eran tan atractivos quizás por el precio y el contenido de la música ofrecida, tomando en consideración que contenían más de diez canciones de artistas diferentes. El hombre pasaba cada quince días y era todo un acontecimiento revisar los elepés con mi mamá, preguntar por el precio, comprarlos, desemplasticarlos y ponerlos en el tornamesa tan pronto el vendedor continuaba su pregón. Ray Coniff, Percy faith, Paul Mauriat y Caravelli eran los de clavar. Todavía veo a mi mamá, en sus tempranos treinta, sentada en el piso recién lampaceado, bajando la aguja sobre el disco virgen dispuesto a hacernos la existencia feliz, y por la misma razón, para nosotros el amor jamás podría ser blue.

6. – Fanny/Be tender with my love (The Bee Gees)

No se puede entender ni concebir la década de setenta sin los hermanos Gibb. Después de ausentarse por varios años (supongo que por los arrebatos de la era hippie), los Bee Gees sacaron un par de discos memorables, anunciando de esa forma lo que se vendría después. La bellísima pieza Fanny sonó en la radio por un montón de semanas sin disputa alguna, talvez hasta que la desbancó Dancing Queen del cuarteto ABBA. ¿Quien puede resistirse ante tanta belleza?: Be tender with my love, you know how easy it is to hurt me; Fanny be tender with my love, `cause it`s all that I`ve got, and my love won`t desert me. Esta canción tuvo que ver con la manera en que reaccionaría y me sobrepondría en los asuntos del amor por muchos años.

7. – The Bluefield Express (Gamma)

Linda canción del grupo Gamma (después Dimensión Costeña) vocalizada por Anthony Mathews. La ponían en todas las fiestas que hacían en mi casa, incluyendo bautizos, despedidas y comuniones. Gamma popularizó la música de Palo de Mayo en el Pacífico nicaragüense al punto que prescindimos por buen rato del reggae y del soca o calipso soul, y ni falta que nos hacía. En mi calle vivió una morena de Bluefields que enseñó a las muchachas a menear las caderas como licuadora en velocidad cuatro; recuerdo que se agachaba en círculos con una sensualidad que hizo que mis testosteronas maduraran antes de tiempo. Luego toda la calle era experta en recoger pañuelos con la boca y bailar con cosquillitas en el estómago. “Express coming!”

Lado B:

1.- La de la mochila azul (Pedrito Fernández)

Si bien ya estaba grandecito como para entusiasmarme por la canción, caló en mi vida porque un día, a la hora de salida del colegio, por pura jodarria, unos amigos fuimos invitados a ver la película homónima al cine México. Para esa fechas el cine todavía no había sido tragado por el Mercado Oriental y para llegar a él teníamos que cruzar a pie un barrio llamado quién sabe porqué El Palo de Gato donde las mujeres siseaban y nos decían: “¿Te vas a pesar, amor?”. Al principio pensábamos que ellas tenían alguna báscula como las que hay en las farmacias hasta que alguien nos sacó de las dudas para siempre. Aprendí de memoria la canción a fuerza de tanto escucharla y compré una mochila azul de lona para andar a la moda.

2.- Has nacido libre (Camilo Sesto)

El mismo año en que pegó La mochila azul (1980) llegó a nuestro país esta canción de Camilo. Cantando esta rola durante la alfabetización es que cambió el timbre de mi voz. La escuchaba bajo un árbol de carao todas las tardes en La Voz de Nicaragua (Esto lo he constatado en mi Diario de Campo que todavía conservo). Por alguna razón cedió en popularidad a una en inglés de KC & Sunshine Band, pero con todo y contra todo, fue la culpable de infinidad de arrumacos y sus repercusiones. Sucede que la canción es fresca, pegajosa y cuenta con un excelente arreglo. Para mí, fue la última gran canción de Camilo Sesto. Cada vez que la escucho en la radio, es como si fuese la primera vez.

3.- All Out of love (Air supply)

Esta canción atemperó los embates de mi adolescencia. Compré el disco en veinte córdobas a una vecina que lo hacía sonar todas las tardes. “Solo esa canción van a hacer”, me dijo augurando una muerte musical prematura. Gracias a los dioses que se equivocó. A partir de esa canción los australianos colmaron todas las fiestas pagadas e invitadas al extremo que si no había una de sus canciones la fiesta no servía. Todo sin amor, al final de cuenta fue todo con amor. Air Supply fue la última gran banda romántica; sus canciones, perfectas por demás, edulcoraron los años ochenta, haciendo soñar, reír y amar a los cuarentones y cincuentones de hoy. Debemos de agradecerles bastante. Somos mucho de ellos.

4.- Just The Way You Are (Billy Joel)

Ella estaba al fondo de la sala, llevaba un vestido blanco de tirantes; la fiesta había empezado hacía una hora y nadie la sacaba a bailar. Mis amigos le decían La amargada porque casi no reía. Después de Coming Up apagaron las luces y sonaron los primeros acordes de Just the way you are. Las piernas me temblaban pero saqué fuerzas para acercarme y decirle ¿Bailamos? Hice la proposición por mero trámite, sabiéndome rechazado, como los que me habían precedido. Ella sonrió, asintió con la cabeza y se acercó lo bastante como para rozar con mi mejilla derecha el maquillaje que cubría sus espinillas. Cuando terminó la canción los dos nos dijimos gracias al mismo tiempo. Fue mi primera canción “agarrada”.

5.- Billy Jean (Michael Jackson)

El sencillo y potente ritmo de la batería en el intro de esta canción me lleva de los pelos a la Semana Santa de 1983, más exactamente a un bailongo de Masachapa, donde la pasé disfrutando hasta la madrugada. El LP Thriller tenía pocos meses de haber salido al mercado y no duró mucho en que todas sus canciones las coreografiáramos en las veladas culturales del Loyola y el Maestro Gabriel. Si bien nunca fui fan delirante de Michael Jackson, esta canción significó mucho para mi generación; soplaban aires de guerra y la juventud, como en todas las épocas, tenía que seguir los cauces del gozo y el baile, pasase lo que pasase.

6.- Take on me (A-ha)

Por alguna razón incluí en la lista esta canción de la banda noruega A-ha. En un principio pensé que talvez había sido por el video, muy adelantado para la época (Todos nos enamoramos de la muchacha que viaja a la otra dimensión por pura curiosidad), pero cada vez que la disfruto no hay manera de quitarme la manía de mover los dedos como si estuviera tocando el teclado que sirve de plataforma a la rola. Una pieza maestra, quizás mi preferida de la década. No sé si el video la supera o se complementan, el caso es que sin Take on me, mi vida sería menos alegre y fantasiosa.

7.- Amazing (Aerosmith)

Esta preciosa balada rock fue promocionada por un excelente video clip donde aparece una atrevida musa: Alicia Silverstone. Por ella supimos que se puede amar en una motocicleta. Pero más allá de Alicia y sus maravillas, Amazing restableció la jerarquía del rock, que había estado interferida por la payasada cirquera de MC Hammer y otras calamidades, por lo que merece un reconocimiento especial. Cada vez que me antojaba, reproducía el video en mi VHS, poniendo mucho cuidado en el mundo virtual que apenas vislumbrábamos, mismo que nos atraparía a todos sin remedio, como nos atrapó la Silverstone con su sonrisa de niña mala. El video hay verlo siempre con amigos para hacer comentarios, porque solo, resulta muy peligroso.

Como dije al inicio, fue una enumeración apresurada. Tan pronto terminé la lista me di cuenta que quedaron fuera algunas canciones, tan o más importantes que las arriba mencionadas, por ejemplo, La Maza de Silvio Rodríguez, You can do magic de America, He renunciado a ti de José José, y por supuesto Magic de Olivia Newton-John. Tampoco enumeré ni comenté las que más me gustan ni otras que tuvieron alguna conexión particular con personas y eventos feos o bonitos. Sin embargo, el elepé armado, por su espontaneidad, es el que me dibuja musicalmente un poquito. Como quedamos en 1994, habría que ver si después conformamos un disco doble. O triple. El tiempo lo dirá.

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2 comentarios en “Mi banda sonora

  1. Creo deberías hacerla dividida en décadas, aunque ello implique tener unas listas mas largas que otras. Acordate de incluir en la lista de los 90 la inefable: “Que no quede huella”
    Un abrazo y que estés bien!!

    Le gusta a 1 persona

  2. Excelente la lista, pero pensé que estarían en ella estas dos clásicas: Another One Bite the dusty de Queen y California Dreamyng de Mamas And The Papas. Hay que hacer otro LP
    Saludos

    Enrique

    Le gusta a 1 persona

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