Ni gentecita ni paisito

Tepenahualt

Por Edgard E. Murillo

Una de las características de los nicaragüenses es que somos chileros. De todo y para todo sacamos un “chile” o chiste, algo que nos ha funcionado bastante bien para sobrellevar el rigor del clima, la lipidia, los vericuetos de la política y los sustos por los embarazos no deseados. Somos especialistas en hacer guasa de nosotros mismos; sentimos que al hacerlo exorcizamos nuestros pecados y frustraciones, sin embargo, debemos tener mucho cuidado porque se nos puede pasar la mano.

Hay un chiste que casi no cuento porque, si bien da risa, a poco deja la conciencia arrepentida por haberlo contado, y si ahora lo traigo a colación es porque quiero liberarme de él, espero que para siempre. Sigue leyendo

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El juicio de la belleza

“Ya surja del mar o de su lecho, ya se llame Venus o Niní, jamás se inventará nada mejor que la mujer desnuda”  Renoir.

El pintor tenía toda la razón del mundo; terminé de convencerme la tarde que vi andar por primera vez a una mujer desnuda. No era lo mismo ver una fotografía de la revista Playboy que apreciar un cuerpo erguido en movimiento; la diferencia era escalofriantemente abismal. Ella  apareció del fondo de un vestidor de junco, caminaba despacio y me miraba sin asomo de vergüenza. Intenté decirle algo pero estaba seguro que no podía escucharme; como fue algo repentino, no sabía dónde dirigir mi atención. El conjunto de su cuerpo, equilibrado y perfecto, era asaz hermoso para ser verdad; sentí una opresión en el pecho que estalló en miles de partículas, como las que se desprenden de los fuegos artificiales. Ella se llamaba Sylvia, era actriz y en esa ocasión hacía llamarse Emmanuelle. Sigue leyendo