Al César lo que es de él

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Por Edgard E. Murillo.

Érase una vez una poderosa empresa llamada Gulf Oil Company, rival de la Exxon de la familia Rockefeller, que había comprado los derechos de concesión de explotación petrolera a Colombia en el Caribe nicaragüense.

La Gulf Oil Company era propiedad de los candorosos hermanos Andrew y Richard Mellon, quienes para los años veinte del siglo pasado amasaban una fortuna de 13 mil millones de dólares esparcida en bancos, empresas metalúrgicas y refinerías, entre otras bagatelas. Cuando los Mellon compraron los derechos de la concesión, ésta estaba a punto de ser declarada caduca por parte del presidente colombiano Pedro Nel Ospina. Pero eso no puso nervioso a los magnates. No había por qué. En 1921 el presidente Harding de los EE.UU había nombrado ministro del tesoro nada más y nada menos que a míster Andrew Mellon. Entonces el asunto de la extracción petrolera quedó, digamos, en el sobaco de la confianza. Sigue leyendo

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¡Por favor, señor cartero!

Por Edgard E. Murillo

Añoro el sobre cerrado, reconocer la letra del remitente, fijarme en la fecha de los sellos y en el diseño de las estampillas. Me gustaba darle vuelta al sobre, sentir su peso, buscar el lado preciso para romper cuidadosamente el borde. Extendida la página ante nuestros ojos, nos deleitábamos con el saludo, la caligrafía y la decoración de las páginas, si acaso la había. Es algo que ya no se disfruta en esta época donde las correspondencias epistolares dependen de la algoritmia, contraseña de por medio. Las cartas manuscritas, esas que estrujábamos por arrepentimiento de haberlas escrito, o para no dejar huellas, dicen adiós y ni tiempo nos ha dado para llorarlas como se merecen. Sigue leyendo

Los invito a leer

Por Edgard E. Murillo

Hace unos días intenté recordar el primer libro que leí de cabo a rabo. Descontando los textos ilustrados de la escuela y el libro de la Segunda Guerra Mundial que me regalaron por obtener las mejores calificaciones en el primer grado (hazaña que jamás repetiría), me parece que el primer libro “de verdad” que leí fue el pesado y aburrido Robinson Crusoe. Pesado y aburrido para un niño de nueve años, debo aclarar. Si de algo me sirvió fue para ponerle Viernes a Juan Pablo, un cantinero tuerto que conocí en los noventa, al cual solamente le faltaba el loro en el hombro. Sigue leyendo

Jurisprudencia cervecera

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Por Edgard E. Murillo

Quien busca las cosas contrarreloj corre el riesgo de no encontrar lo que busca, o de toparse con algo que no está buscando pero que en días anteriores perseguía con afán; por eso es bueno buscar otra cosa para que subsidiariamente se encuentre lo que interesa encontrar.

Esto último he decidido hacer para dar con la sentencia que declara jurisprudencialmente (O sea, que lo ha dicho la mismísima Corte Suprema de Justicia) que de acuerdo a consideraciones científicas la cerveza NO es una bebida alcohólica. Dediqué la mañana del sábado y la tarde del domingo en tan importante tarea sin lograr el resultado esperado. ¡No es fácil leer la letra pequeñita de los Boletines Judiciales! Es verdad que me deleité con la lectura de otras resoluciones emitidas por el Máximo Tribunal de Justicia, en especial las de 1955 y 1957, pero me quedé con las ganas de hablar de las cervezas, su historia, bondades y consecuencias en las personas, pues quería vincular el sabio fallo con estos temas. Sigue leyendo