Tiré tu pañuelo al río (O cómo reencarnar en el intento)

julio-iglesias-311211-472x300

Por Edgard E. Murillo

Cuando fui niño me prometí ser cantante de grande; como no lo fui por falta de energías, llegué a decir que lo sería en la otra vida. La culpa la tuvo Julio Iglesias en su primera — y creo que única— visita a Nicaragua. Recuerdo que me cautivó el griterío de las mujeres y el aplomo con que cantaba La vida sigue igual y Tiré tu pañuelo al río. Esto es lo mío, me dije, y así se lo hice saber a mis padres. Pero la respuesta de ellos me puso triste. Si querés ser cantante, tenés que vencer la timidez. Quedé paralizado. Aún me faltaban muchos años para que eso medio sucediera.

Descartado el canto como opción en esta vida, con el paso del tiempo fui agregando las cosas que haría en la “otra”. Bailar tango, vestir hábitos de sacerdote, estudiar arte dramático, lanzarme en paracaídas, tener alergia por el alcohol.

La vida después de la muerte fue configurándose en mi cabeza a partir de las diversas teorías existentes, desde los presocráticos hasta las hindúes de más reciente imaginación. Reencarnar significaba en mis reflexiones juveniles la aventura mental que necesitaba para entender o justificar algunas cosas, además que retaba la clásica versión aprendida de la continuidad, o sea, portate-bien-para-que-vayás-al-cielo

Si me preguntan de romplón si de verdad creo en que uno vivirá después de muerto en otro cuerpo, sin titubear les digo que no, aunque la idea no deja de inquietarme cuando veo la mirada pensativa del káiser, mi perro. El Káiser es granadino de pura cepa, no le gusta mojarse sus diminutas nalgas, detesta ser igualado como los demás perros y ladra solamente si tiene que hacerlo, excepto cuando es atormentado por las estrellas fugaces las noches de cielo sin luna. Durante el día, sus ojos parecen un dique que trata de contener las palabras que no consigue articular. Yo le pregunto: ¿Qué estás pensando? y él estira su cuerpo apoyándose sobre las patas delanteras. Su comportamiento y premeditada malicia me hace suponer que, en efecto, él fue alguien más o menos inteligente en la otra vida, quizás un embalsamador egipcio, mas nunca una persona mala.

Según una de las teorías más populares, el renacimiento del alma constituye una gradación; cada vida es un peldaño donde podemos ascender en la escala de las especies hasta llegar al virtuosismo, o bien descender involucionando en un gusano, todo en dependencia de cómo nos hayamos portado en la vida precedente. Si esto es cierto, cuando muera mi perro, él podría reencarnar en un árbitro de fútbol de segunda división; pero si por algún motivo le entra la loquera y muerde a alguien por mero antojo, de seguro revivirá en la aspereza de un garrobo o de una vaca candidata al sacrificio.

En esta vida yo coincidí catorce años con John Lennon. A lo mejor nos dimos cuenta, exactamente a la misma hora y el mismo día, del primer diez de Nadia Comaneci, o de la muerte de Mao Tse Tung. Eso suena genial. Compartir época con alguien a quien uno admira es algo de lo que debemos presumir. Debo admitir, no obstante, que también coincidimos con gente malvada y retorcida, pero gracias a Dios esa gente, o la mayoría de ella, vive o vivió en el Primer Mundo. Aun así, no me gustaría volver a nacer y respirar el mismo aire con personajes de triste recordación, como Nixon o Pol Pot.

Pero la reencarnación tiene una arista curiosa: explicaría de forma convincente las adicciones, fobias, talentos y la sicología del déja vu. ¿Cómo es que hay personas con predisposición para el baile, el canto o la pintura desde que están pequeños? Tengo amigos que deliran por haber visto jugar a Cristiano Ronaldo, pero lamentan no haber vivido la gloria de Santiago Bernabéu. Entonces yo les digo: ¿Y si Cristiano y Santiago son los mismos? ¿Quién puede negar de manera rotunda que Richard Wagner no haya sido el mismísimo Mozart reencarnado? Sin embargo (y esto hace más interesante el asunto), podría darse el caso que la tesis sea a la inversa, es decir, que los reencarnados sean totalmente diferentes de lo que fueron en la vida anterior. De acuerdo con este supuesto, una ninfómana del siglo XXI no necesariamente fue una hetaira romana, sino una anorgásmica convencida en la Corte de Luis XV; en igual sentido, los longevos lo son gracias a que en su vida precedente murieron de niños.

Hace algunos años leí un libro de un autor que afirma que si una persona padece de un dolor de espalda, es que seguramente murió apuñalado a mansalva en su vida próxima pasada, o en otra más lejana, según la intensidad del dolor. La misma tesis cabría para los sueños recurrentes, como los míos, donde una ola gigante me persigue sin darme alcance (A lo mejor yo morí durante el maremoto producido por el Krakatoa, pero no entiendo por qué me gusta tanto el mar).

A pesar de lo llamativo de las diferentes doctrinas de la transmigración del alma, surge una interrogante que no se ha tomado en cuenta. Se supone que, dentro del proceso de aprendizaje eterno, uno reencarna para crecer. Aceptado esto, y considerando mi buen comportamiento, del cual doy fe, seguramente sea muy difícil que yo renazca con la voz de Julio Iglesias si el nacimiento acontece en la Galaxia Espiral M31, distante a más de dos millones años luz de la Tierra. De suceder eso, yo no tendría nada en común con el planeta nuevo, donde quizás sus habitantes ni siquiera canten ni se apareen cinco mil veces como el cantante español. En tal caso, la reencarnación carecería de sentido pero reiniciaría otro ciclo en la Andrómeda remota.

En fin, pienso que al igual que vivir eternamente, el ciclo de la reencarnación, sea para subir o bajar, me aburriría demasiado. Lo mejor es morirse y volver a empezar de cero, si acaso hay renacimiento sucesivo. No quiero llevarme nada de este presente a la otra vida, solo la sensación de querer cantar, aunque me invada la vergüenza.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s