Por amor al arte

Por Edgard E. Murillo

Como una forma de salir del hastío que me produce la política en su versión más chabacana, que gracias a la opinión mediática ocupa un lugar inmerecidamente preponderante en la vida social del país, como si no hubiese otra cosa sobre qué prestar atención o hacia dónde dirigir los esfuerzos intelectuales, de vez en cuando evoco la historia del sitio del Partenón durante la guerra de la independencia de Grecia del Imperio Otomano. Había leído la anécdota en una entrevista que le hicieron a Melina Mercouri hace veintitantos años y me pareció digna de recordarla y contarla cuando tuviese la oportunidad de hacerlo.   Sigue leyendo

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La risa y el encogimiento de la cola

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Por Edgard E. Murillo

Ayer por la tarde mientras estaba rellenando un agujero ocasionado por las lluvias resbalé y caí sentado de sopetón. Pensé: “Si he tenido cola me la jodo”. Entonces imaginé cómo seríamos con cola, cómo la llevaríamos en nuestro andar, en fin, cómo sería la cola de Perla o de Elizabeth ¿La andaríamos enrollada o la mostraríamos a través de una bragueta trasera de nuestros pantalones o faldas? La aventura imaginativa me llevó a los adornos de la cola en épocas de verano o de navidad. Dudé si nuestras colas serían completamente lampiñas o con un pequeño mechón de pelo en la punta, como la de los leones. Recordé que en la escuela nos dijeron que nuestros ancestros perdieron la cola al bajar de los árboles ya que no la utilizarían más para columpiarse de rama en rama. Esa explicación jamás me convenció.
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