Pink Floyd y el pulso del turco Iván

 

pinkfloyd-darkside

Por Edgard E. Murillo

Hace muchos años hubo un radionoticiero vespertino que tenía por viñeta de presentación una canción que parecía una anti-canción. Las primeras notas me atrapaban por completo. Seguido de la alarma de un reloj despertador, caían los golpes continuos de un bombo que simulaba los latidos del corazón, lo que me producía una ansiedad que rozaba un gozo casi místico. Cuando el radionoticiero pasó a transmitirse por la noche, yo seguí escuchándolo, más por mi afición al intro que por el contenido del programa. Gracias a un casete que me regalaron el día que cumplí quince o dieciséis, supe que la canción se llamaba Time y que pertenecía a Pink Floyd, una banda que con el paso de los años me enseñaría más filosofía que el pesimismo de Schopenhauer.

La canción Time es siamesa de otra que se llama Money, parentesco debido a que ambas tienen un comienzo fuera de lo común y porque además comparten la dicha de pertenecer al mismo álbum, The dark side of the moon, que en estricto cristiano significa lo mejor del rock progresivo de los tiempos habidos y, talvez, por haber.

No cualquier gato tenía “The dark side of the moon” en los setentas, y peor aún en los ochentas; solamente podían presumir de ello los hijos de papá que viajaban regularmente al extranjero y uno que otro quemón que tenía amigos hijos de papá con visa americana. Los demás mortales debíamos conformarnos con la radio, a merced de las barbaridades de los locutores, en especial de sus trabajos de “traducción” (Como decirle “El pequeño Ricardito” a Little Richard). Pero aun con todo y las malas traducciones, a los empresarios y programadores radiales como que les daba miedo sonar a Pink Floyd, incluso hoy en día  solamente se atreven a poner Another brick in the wall, dejando por fuera lo mejor de su producción musical.

Después del Sargento Pimienta de Los Beatles, The dark side of the moon llegó a darle oxígeno y prestigio a la música de vanguardia, la que había salido muy maltratada por la sensiblería post-hippie. Por algo son las dos obras conceptuales más importantes de la historia del rock. Lo demás es mero entretenimiento. El Thriller de Michael Jackson es un buen disco, pero por mucho que guste, no es de los que se puede escuchar más de dos veces acompañado de una botella de ron.

Y hablando de ron, hará unos diez años leí una entrevista de un político nicaragüense quien contó que de joven navegó toda una noche por el Gran Lago en compañía de unos amigos. Dijo que en la embarcación no llevaban más que Flor de Caña, una radiograbadora  y el casete de The dark side of the moon, el cual ponían una y otra vez. No soy de los que le tiene envidia a la gente, pero confieso que cuando leí esa entrevista, no pude dejar de expeler desde el fondo de mi alma la siguiente composición amorosa: ve que hijuelagranputa.

Una vez terminado el bloqueo comercial y con la llegada de los discos compactos, poco a poco fui reuniendo el material de esta banda, junto con otras que las radios se resistían a promocionar, con la digna salvedad de Radio Pirata, que nunca escatimó en ofrecer buena música tanto en inglés como en español, pero que lastimosamente tuvo una efímera vida en los atolondrados años noventa.

Ya puestos en contexto paso a contarles esta anécdota curiosa que le sucedió a mi amigo Víctor, otro fan irreductible de Waters, Gilmour y compañía. Corría el año 1996 cuando una tarde me invitó a su casa para mostrarme su última adquisición musical. Se trataba de P.u.l.s.e., un CD doble en vivo de Pink Floyd, el cual tenía en el lomo de la caja un LED con una lucecita roja que parpadeaba. El disco era una maravilla. Mi amigo casi lloraba cuando escuchaba Comfortably Numb, pues la ejecución era impecable, como si Dios hubiese bajado a tocar todos los instrumentos.

Un día que la casa de Víctor estaba sola, los rateros forzaron la puerta posterior, llevándose un cenicero de cristal, el equipo de sonido, dos pares de zapatos, una muñeca Barbie que pertenecía a su hija y, para su dolor, el disco de la lucecita.

Los días siguientes al robo tuve que consolar a mi amigo diciéndole que P.u.l.s.e. no era el único disco en la vida, que vendrían otros y que lo más seguro es que lo olvidaría con el paso de los años, como se olvidan las amantes de pie plano. Pero Víctor no se resignó. Un mes después, de camino a la cevichería de la Felipa en Ciudad Jardín, fuimos al Mercado Oriental a comprar discos compactos donde El turco Iván. El turco vendía solamente discos originales, de segunda mano pero originales, porque para esas épocas no había discos piratas. Recuerdo que esa mañana compré un disco de Boy George, lo que equivalía a sacrificar un six pack de cervezas y un coctel de conchas negras. Víctor, desidioso, le preguntó al turco si tenía algo de Pink Floyd.

“Sí, tengo un disco doble que me acaba de llegar”.

Y entonces el turco Iván sacó los dos discos de P.u.l.s.e. envueltos en una bolsa de papel kraft. Ambos tenían la firma de Víctor. ¡Eran los discos robados!

Debido a la alegría y la palmazón (Mi amigo tuvo que comprar otra vez los cidís), ya no fuimos a la cevichería, pasamos directo a mi casa para cerciorarnos que los discos estaban en buen estado. Nos reímos de buena gana y agradecimos el pésimo gusto de los rateros quienes prefirieron el cartón con la lucecita intermitente a la música contenida en los discos.

Ese día me di cuenta que si bien la luna tiene su lado oscuro, la ignorancia, o el pésimo gusto musical, también tiene su lado dadivoso. Así es como funciona el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios en “Pink Floyd y el pulso del turco Iván

  1. y todo cuanto bajo el sol hay está en armonía
    pero el sol está eclipsado por la luna.
    “no hay un lado oscuro
    de la luna realmente”
    realmente todo es oscuro.”
    (Eclipse. Pink Floyd)

    La partiste no jodas!! Todavía tengo los discos; aunque no lo creas todavía lloro cuando escucho el solo de David Gilmour en Comfortably Numb,
    Talvez P.u.l.s.e no es la vida pero estoy seguro que muchas cosas han pasado en muchas vidas mientras suena esta pieza maestra de la música, que además ha sido de mucha ayuda para olvidar a las amantes de pies planos Jajajajaaj!!!. Un abrazo y continúa haciéndonos gozar con retazos de esta vida loca, vida intensa, vida breve!

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  2. Siempre es un gusto leer tu blog, tenes el arte de recrear el relato como un chef que se recrea en su arte culinario, de tal que es un delicia devorar y quedar con ganas de seguir degustando tus escritos. Saludos mi bien ponderado Pavlusha.

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