Mensajes navideños

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Por Edgard E. Murillo

La víspera de Navidad me dediqué un rato a poner mensajes de texto a varios de mis contactos que tengo en el celular. Los destinatarios fueron aquellos que no llamé ni me llamaron en todo el año, esos que por mero trámite me pidieron que guardara su número pero que por diversas razones (cualquiera que se imaginen) me había resistido a borrar, con la certeza casi absoluta que ellos ya me habían eliminado de sus contactos por razones que desconozco y que no quisiera saber. Pues bien, no se trataba de mensajes típicamente navideños, sino de bromillas para el precalentamiento de la Nochebuena. Encontré a Rosalina y le escribí: “Hola mi curvilínea colega, Feliz Navidad”. Sigue leyendo

De muchacho a señor

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Por Edgard E. Murillo

La vida pasa demasiado rápido, y adquiere velocidad, sabrá Dios por qué, en la medida que vamos acumulando años. Seguramente esto sea un asunto de perspectiva. Al ampliarse el horizonte vital como que el tiempo se dilata o difumina, superponiéndose nombres, eventos, lugares y personas. De ahí que los niños midan su tiempo en días y los adultos en años.

Cuando era impúber me preguntaba qué es lo que pensaba don José, el anciano carpintero del callejón, cuando sonreía sentado en una silla mecedora en el porche de su casa, cobijado por las hojas tricolores del almendro que infiltraban el resplandor de las tres de la tarde. Yo bromeaba: “Seguramente se está acordando de todas sus bandidencias”. No había otra cosa qué suponer porque loco no estaba. Entonces yo ni imaginaba que cumpliría los cuarenta años, eso era tan remoto como que algún día tendría un teléfono-computadora que alcanzara en la bolsa de mi camisa. Sigue leyendo

Titulares

Front pages from newspapers around the world after Donald Trump becomes the President of the United States

Por Edgard E. Murillo

Cansado estoy de ver, leer y escuchar las mismas noticias en todas las épocas. Ya nada parece asombrarme; como que los tiempos de las extrañezas y las noticias de arrebato fueran cosas del pasado. Que estalló una guerra tribal en el Medio Oriente, que un político mutó de pellejo partidario o que una miss universo erró en la ubicación geográfica de un país, son variaciones de una misma melodía. Lo predecible por lo repetitivo. Por eso cada vez leo menos los diarios para informarme; no porque prefiera hacerlo por medio de la televisión, o por conducto del periodismo flash de las redes sociales, sino porque las noticias, en su mayoría, se me antojan aguadas, cansinas y hartamente sabidas, como monas vestidas de seda. La única noticia que me agarró fuera de base en los últimos tiempos fue la renuncia de Benedicto XVI. Antes y después de eso, nada. Ni siquiera la visita de Obama a Cuba me desacomodó de la butaca. Sigue leyendo

Hinchapelotas

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Por Edgard E. Murillo

Me considero una persona solaz y tranquila. No tengo temperamento de montaña rusa ni de explosiones súbitas. Con el paso de los años creí que aprendería a desarrollar algún tipo de carácter volátil para infundir miedo o respeto del cual pudiese echar mano en algunas situaciones. Imposible, amigos. No soy Tom Cruise para que mis rabietas caigan en gracia ni tampoco me interesa serlo. Sin embargo, se me hace difícil resistir el comportamiento de algunas personas, no importa que éstas sean las encargadas de poner a prueba mi paciencia y ganarme el ticket al Cielo si logro superar las ganas de estrangularlas.

Aquí tres perlas de esos personajes hinchapelotas, que ojalá algún día obtengan la piedad de Dios. Sigue leyendo