El secreto de Simonetta

simonetta

Por Edgard E. Murillo

Así como todos tenemos secretos más o menos inconfesables, no porque sean desvergonzados sino porque su revelación doblegaría nuestra imagen pública, contamos además con algunas virtudes escondidas que por alguna razón preferimos dejar en el anonimato. El balance entre lo que aparentamos y ocultamos arroja nuestra personalidad exacta, la que tenemos que matizar para ver si engañamos a San Pedro el día que nos vayamos al otro barrio.

Estuve tentado a narrar mis secretos, pero esta faena se la dejo a mis biógrafos, caso que lleguen a existir; en cambio, el único secreto de Simonetta, ese sí, ese sí merece ser contado, y si lo hago ahora es porque es tan insólito que nadie lo creería, y por la misma razón ella ni siquiera ha intentado censurar mi lengua para que no lo divulgue.

Sin ánimos de entrar en detalles inoportunos, diré que Simonetta es alta, delicada de maneras y amigable con el medio ambiente, pues ella ornamenta el lugar donde esté. Le gusta caminar descalza sobre la playa, también leer las líneas de las manos y tomar café sin azúcar siempre a la misma hora. En otra vida, según me dijo, había sido coleccionista de mariposas y marchante de arte; de ahí su afición por pintar amplios espacios azules con aleteos monocromáticos. Sigue leyendo