La culpa la tuvo el González

Por Edgard E. Murillo

No recuerdo cuántas veces fui al cine-teatro González, el que incineraron hace poco y lo declararon de utilidad pública. Calculo que entre 1982 y 1985 asistí a ese barco de fantasía unas cuarenta veces. Allí vi a la jovencísima Susan Sarandon frotarse los pechos con tapitas de limón, a Robert De Niro desguapar la cabeza de un traidor con un bate de beisbol y a Martin Sheen surcar un río vietnamita para eliminar al coronel Kurtz sin tener la sospecha que terminaría siendo como él. También presencié un concierto casi en vivo de Los Beatles. Digo casi porque solo faltaron los melenudos para que todo fuera real: gritos, cantos, histeria, en una palabra, beatlemanía. La película se llamaba Los Beatles en concierto y por varios abriles dicho evento constituyó mi mayor delirio psicosomático.    Sigue leyendo

Cuando la inmortalidad se vistió de sargento

Por Edgard E. Murillo

De vez en cuando, con la sola pretensión de brindarle regocijo a mi alma, imagino estar presente en algunos eventos de entretenimiento que me hubiesen gustado vivir, por ejemplo, estar en el Yankee Stadium la noche que Reggie Jackson le metió tres jonrones a los Dodgers, o presenciar la final de la Copa del Mundo en México, en la que Pelé y Rivelino le dijeron con permiso a los azzurri. Me he visto en Woodstook, salpicado de lodo, en aquellos tres días de música, paz y amor, y también he admirado, desde un engramado húmedo tras una baranda, el despegue épico del gigantesco cohete Saturno V llevando los hombres a la luna. Son momentos que si tuviese un carro como el de Marty McFly, viajaría al pasado, no una, sino varias veces para re-vivirlos con absoluta felicidad. Sigue leyendo