Ya estamos de vuelta

Por Edgard E. Murillo

Entre la última entrada y la que leen ahora transcurrió más de un mes. El impasse se debió a varias razones (Aquí he tenido que hacer un alto para decidir si escribir las razones o simplemente callar para no caer en confesiones innecesarias, inclinándome por lo segundo). Sin embargo, hubo dos aspectos adicionales que ralentizaron el ritmo acostumbrado: las noticias sobre los desastres naturales y las amenazas de guerra. Las unas externas, ajenas e impredecibles; las otras, tan nuestras y perfectamente evitables, que apenas nos distinguen de los animales imposibilitados para hablar. Así que dediqué varias horas de mi tiempo libre viendo las labores de rescate en la CDMX tras un terremoto de 7.1  y la guerra de tapas entre dos presidentes, tan bruto uno como el otro, mientras huracanes encadenados azotaban el Caribe y en todo el mundo se atiborraban las salas de cine para seguir a un payaso que aterroriza el pequeño pueblo de Derry.

Tal cual expresé en otra ocasión, un elemento en común observado en las redes sociales, es que ante los desastres naturales o sociales, se abusa en la mención de Dios, algo acentuado en mis compatriotas, los que, como dice un amigo extranjero, hablan de Dios incluso cuando no están hablando de Él. “Si Dios quiere”, “Dios primero”, “Bien, gracias a Dios”. Como dato curioso, empíricamente se demuestra que la actitud religiosa es directamente proporcional a la edad de las personas. Esto es comprobable en Facebook: poquísimos de los usuarios menores de 30 años sube memes o mensajes de índole religioso. No es que la juventud no sea creyente o que no le interese el misterio de la divinidad, sino que está menos preocupada por la muerte que los mayores, acaso porque desde pequeños entendemos o queremos entender que el abandono de este mundo acontece en una remota e inaccesible vejez. ¡Ah, es que religión tiene como atractivo principal el consuelo de nuestra finitud! Un consuelo que a unos atrapa, y a otros, no tanto. Un indicativo, pues, de que uno ya está mayorcito es la alusión recurrente a Dios, lo que algunos entienden como una búsqueda que había quedado pendiente. Es cuando en la generalidad de los casos ocurren las contriciones y las conversiones de última hora. Por mi parte, creo que me volveré religioso dentro de tres eclipses totales del sol. O talvez un poquito más.

Pero como les iba diciendo, bajo estos acontecimientos naturales y artificiales, es que me he preguntado dónde se mete Dios en algunos casos, como por ejemplo ayer durante el tiroteo en Las Vegas, donde la gente clamaba amparo y protección. Son preguntas que nos llevan a la especulación y la perplejidad, preguntas de las que más adelante se ocupará el Barco Azul, pues no solamente de ficción tratamos en esta plataforma: también hay una vida, estúpida y cruel por cierto, que ni siquiera la mente de Stephen King es capaz de imaginar.

 

 

 

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Un comentario en “Ya estamos de vuelta

  1. Efectivamente qué hay que ser humilde para reconocer que Dios es y debería ser el motivo para vivir , puesto que todo gira en torno a él; lo que no es verdad en relación a tu comentario, es que todo en la vida será color de rosa, si no, que gracias tendría qué anduviéramos por el mundo actuando como; Sodoma y Gomorra y no tuviéramos una respuesta Como consecuencia de nuestros pecados?

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