Ciclos

Por Edgard E. Murillo

El tiempo, esa quimera que el ser humano se ha inventado para darle sentido de finitud a las cosas, también nos seduce para crear ciclos, no importa las veces que estos se repitan. Cada inicio de año relanzamos el arsenal de promesas que, de manera consciente o displicente, no pudimos cumplir el año anterior, jurando que el año que empieza verá coronar nuestros esfuerzos. Gracias a ese artificio burlamos el aburrimiento y nos permite corregir el rumbo, según nosotros, pero sobre todo nos hace sentir nuevecitos y dueños de las mejores intenciones con la creencia que podemos subir cualquier montaña no importa el tamaño. Es tan agradable esa sensación que aun sabiendo que no podrá mantenerse por mucho tiempo, nos damos a la tarea de inventariar, presupuestar, renovar y proyectar incluso los detalles más intrascendentes. Es un sentimiento parecido al que experimentábamos de pequeños cuando asistíamos a la escuela la primera semana de clases y escribíamos con primor, con letra grande y clara, más bonita que la que hacía la profesora de gramática; o cuando empezábamos los noviazgos y dábamos la mejor versión de nosotros mismos hasta que desistíamos de la perfección para no caer en la cursilería.

Debido a esa predisposición que tenemos de orientarnos por ciclos, es que me encanta el mes de enero, principalmente sus primeros días, que es cuando se cruzan deseos contrapuestos, como son la apropiación y el desecho. Al empezar el año, lo que nunca nos atrevíamos a desechar nos parece más baladí que nunca y la ponderación de lo que nos proponemos efectuar nos sitúa a orilla del éxtasis. Podríamos decir que somos los iguales de siempre pero sin la cáscara de la pereza y la indecisión.

En enero aperturamos el ciclo que hace de los horizontes inciertos una realidad fascinante. Por ello debemos disfrutar el entusiasmo que nos embarga el inicio de otro año, dejarnos llevar por la ola de la depuración y los propósitos y creer absolutamente que vamos a cumplir con nuestras promesas, puesto que la confianza es el condimento principal del azaroso juego de la vida.

Tomemos el toro, no por los cuernos, sino por las pelotas, de tal forma que la perseverancia pueda sostenerse el máximo tiempo posible, procurando no caer en el pozo del desánimo y la mediocridad. Solo el que no sueña no logra nada, eso ya los sabemos. Lo que a veces olvidamos es que los sueños pasan por la noria de los principios y los finales, lugar donde se sacuden los fardos, ciertos o imaginarios, propios o advenedizos, que retrasan o impiden la consecución de los propósitos. Para eso sirve de enero: para reiniciar y seguir soñando.

Feliz Año 2018.

 

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2 comentarios en “Ciclos

  1. Hombre que sencillo decir es,, que tenes toda la razón, por eso es que mi vecina prometió bajar 50 libras este año , para ponerse ese bikini de ensueño y muchas promesas más. Felicidades por el artículo.

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