Una pequeña reflexión

Por Edgard E. Murillo

La tarde de ayer iba conduciendo sobre el By-pass, también conocido como Pista de la Resistencia, una circunvalación adoquinada que todavía funciona como efectivo desagüe vehicular, cuando el semáforo situado frente de la ferretería Tobie se puso en rojo. Dado el ambiente parecidamente insurreccional que impera en el país, recordé que a media cuadra de ese sitio, el dos de julio de 1979, una familia bondadosa acogió a la mía mientras huíamos del bombardeo de la guardia de Somoza. Pasamos tres días en espera que cesara el ataque de los morteros y cañones sobre las viviendas; sin embargo, en un necio arrebato del destino, igualmente nos tocó sufrir el pánico del estrépito de las bombas, esta vez lanzadas desde los aviones. En el patio de la casa habían cavado un gran refugio donde nos zambullíamos cada vez que el avión push-pull se venía en picado sobre nosotros, en tanto los chavalos apostados en la barricada del puente Larreynaga descargaban sus rifles y pistolas en contra de aquel asesino volador. El semáforo se puso en verde y repetí para mis adentros la pregunta que martilla mi cabeza desde el 18 de abril. ¿Cuándo será que tendremos veinte años continuos de paz?

Es verdad que nuestra clase política tiene bastante culpa de nuestros eternos pleitos, pero como dije en un post reciente, los políticos no vienen de otro planeta, son un producto lamentable de nosotros mismos. Con esto no quiero decir que haya que tolerarlos, chinchinearlos o justificarlos. Para nada. A lo que voy es que hay algo de nosotros que debemos de mejorar para no seguir produciendo políticos de pacotilla. Y ese “algo” se llama cultura. Porque vean: si se inventara una bomba que matara solamente a los políticos, desapareciéndolos a todos sin excepción, o si se apresaran a todos los diputados y los jefes de los partidos y se les dejase abandonados en una isla en medio del Océano Indico, puede que respiremos con tranquilidad. Entonces podríamos inventar otros partidos, con o sin banderas, y hacer una Constitución Política hermosa y bien escrita, inédita, con amplias libertades y garantías, eliminando las condiciones que propician la corrupción y las tentaciones de perpetuarse en el poder. Pero eso sería por un tiempo. Al cabo de cinco, diez o quince años, volveríamos a caer en los mismos errores, inventaríamos otro caudillo porfiado, retomaríamos la polarización como entretenimiento, nos engancharíamos en el nepotismo y en el yoquepierdismo, aplicando la ley del mínimo esfuerzo y la conveniencia. ¿Y saben por qué? Porque el problema también somos nosotros, los de abajo, porque no leemos, porque nos acomodamos, porque preferimos el jolgorio y la indiferencia a la serenidad del estudio y la crítica fundamentada.

Ahora que Nicaragua se encuentra otra vez en la encrucijada, es momento de replantearnos cómo hacer para mejorar el país a mediano y largo plazo. Tumbar un gobierno es fácil, ya lo hemos hecho varias veces a lo largo de nuestra historia. Lo difícil es aprender, que una vez tumbado, persistamos en conductas individuales y colectivas que sirvan de germen para reiniciar el ciclo que nos empobrece. La cultura es nuestra salvación, porque solamente superando nuestra penuria cultural dejaremos de seguir eligiendo políticos de escaso talante moral e intelectual. Si decimos No a la ignorancia, decimos SI a Nicaragua. Es tiempo de decir que NO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Un comentario en “Una pequeña reflexión

  1. No es tanto la falta de cultura lo que nos tiene jodidos, sino el acomodamiento que acertadamente mencionas. Hay personas con maestrías, doctorados y experiencia profesional que apuntalan a los políticos a ojos cerrados No es ignorancia lo que este pueblo padece; padece de acomodamiento y jolgorio.

    Hacen falta valores, espíritu, actitud ante la vida, para poder cambiar la actitud individual y colectiva. Seguimos a caudillos porque nos ofrecen un puestecito que a la postre nos va a costar la dignidad y la pérdida de nuestro criterio.

    Yo pregunto: ¿qué es lo interesante o admirable en Daniel Ortega y demás políticos conocidos? ¿Hay por lo menos algún discurso vibrante que se nos haya quedado en la cabeza, que nos ponga a reflexionar y nos sirva para cambiar como personas y colectivo?

    La única gesta de Daniel Ortega y el resto de políticos serviles y cómplices ha sido la demolición de la dignidad nacional, la libertad y la democracia incipiente que tanta sangre costó. La obscena y ofensiva corrupción, la mentira como valor social, imposición a sangre y fuego, clientelismo político, escarnio de los pobres, la instauración de la delincuencia institucionalizada. ¡Y paremos de contar! ¿Qué es lo bueno que han hecho?
    Lamentablemente Nicaragua padece el SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA; aguanta, golpes, humillaciones y violencia de toda especie, con tal de poder recibir los mendrugos de pan, zinc, trabajo, comida wi-fi… Gracias a Dios no todo está perdido, los acontecimientos actuales nos dan esperanza de que las cosas puedan cambiar si nos lo proponemos. Esta lucha evidencia que los nicaragüenses ya están hartos del mundo de fantasía que les quieren vender y no quieren más confites en el infierno.

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