La culpa la tuvo el González

Por Edgard E. Murillo

No recuerdo cuántas veces fui al cine-teatro González, el que incineraron hace poco y lo declararon de utilidad pública. Calculo que entre 1982 y 1985 asistí a ese barco de fantasía unas cuarenta veces. Allí vi a la jovencísima Susan Sarandon frotarse los pechos con tapitas de limón, a Robert De Niro desguapar la cabeza de un traidor con un bate de beisbol y a Martin Sheen surcar un río vietnamita para eliminar al coronel Kurtz sin tener la sospecha que terminaría siendo como él. También presencié un concierto casi en vivo de Los Beatles. Digo casi porque solo faltaron los melenudos para que todo fuera real: gritos, cantos, histeria, en una palabra, beatlemanía. La película se llamaba Los Beatles en concierto y por varios abriles dicho evento constituyó mi mayor delirio psicosomático.    Sigue leyendo

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No hay permanencia voluntaria

Por Edgard E. Murillo

Cuando tenía siete años mi madre me llevó al cine a ver una película china desarrollada en las callejuelas de Hong-Kong donde unos chinos malos vestidos de negro intercambiaban patadas con otros chinos buenos vestidos de blanco. El personaje principal – Chang – era un chaparro achinado que montaba una motocicleta acompañado de una china con trenzas que también sabía volar patadas. Cada vez que Chang iba a entrar en bronca su novia le amarraba una cinta en la frente mientras sonaba una canción de Santana que decía: Oye cómo va, mi ritmo, bueno pa’ gozar, mulata. No recuerdo si hubo otra presentación en el matiné de ese sábado puesto que las películas chinas tenían la virtud de opacar cualquier otra que se pusiera en doble cartelera junto a ellas. Lo que sí recuerdo es que pedí a mis padres que me matricularan en una escuela de karate, la que abandoné pronto porque el profesor no tenía la bravura de Chang, ni abanicaba las patadas como él, ni mucho menos sabía andar en moto. Sigue leyendo