Mundiales con olor a pólvora

Por Edgard E. Murillo

Gracias a un abogado y árbitro de fútbol francés llamado Jules Rimet, cada cuatro años al mundo le da por patear una pelota. Como tercer presidente de la FIFA, Rimet internacionalizó el deporte del gol, organizando durante su administración cinco copas del mundo, mérito por el que estuvo a punto de ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz, pero la muerte lo alcanzó en 1956 a los 83 años de edad. Sigue leyendo

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Una pequeña reflexión

Por Edgard E. Murillo

La tarde de ayer iba conduciendo sobre el By-pass, también conocido como Pista de la Resistencia, una circunvalación adoquinada que todavía funciona como efectivo desagüe vehicular, cuando el semáforo situado frente de la ferretería Tobie se puso en rojo. Dado el ambiente parecidamente insurreccional que impera en el país, recordé que a media cuadra de ese sitio, el dos de julio de 1979, una familia bondadosa acogió a la mía mientras huíamos del bombardeo de la guardia de Somoza. Pasamos tres días en espera que cesara el ataque de los morteros y cañones sobre las viviendas; sin embargo, en un necio arrebato del destino, igualmente nos tocó sufrir el pánico del estrépito de las bombas, esta vez lanzadas desde los aviones. En el patio de la casa habían cavado un gran refugio donde nos zambullíamos cada vez que el avión push-pull se venía en picado sobre nosotros, en tanto los chavalos apostados en la barricada del puente Larreynaga descargaban sus rifles y pistolas en contra de aquel asesino volador. El semáforo se puso en verde y repetí para mis adentros la pregunta que martilla mi cabeza desde el 18 de abril. ¿Cuándo será que tendremos veinte años continuos de paz? Sigue leyendo

La piedra que cargamos

Por Edgard E. Murillo

Sabemos que Sísifo fue condenado por los dioses a subir una gigantesca piedra sobre una encumbrada ladera y que, al llegar a la cima, la piedra cae por su propio peso y rueda cuesta abajo, repitiéndose el tormento una y otra vez, hasta la eternidad. Algunos autores atribuyen el mito de Sísifo con el esfuerzo de la humanidad de repetir sus prácticas en ciclos interminables, pesimismo que no comparto pero que no deja de inquietar.

Cuando Ortega y Gasset visitó Chile en 1928 dijo que ese país tenía algo de Sísifo, porque parecía condenado a que se viniera abajo cien veces lo que con su esfuerzo cien veces había creado. Me aventuro imaginar lo que el filósofo madrileño podría decir de Nicaragua respecto a su historia reciente. Supongo que diría, de entrada, que los nicaragüenses cargamos la piedra de Sísifo como por gusto propio, con la absurda creencia de que las cosas, para que estén bien, hay que desbaratarlas de cuando en cuando.   Sigue leyendo

Lo que cuenta la Historia

Por Edgard E. Murillo

Lo que cuenta la Historia, así con hache mayúscula, a lo mejor sucedió de otra manera. ¿Que la escriben los vencedores? No siempre. La pluma del historiador, además de ser mecida por el azar o la oportunidad, sigue los caminos del hígado o la fantasía. Pero también, en la otra orilla, estamos nosotros, los consumidores, quienes echamos mano de nuestra incredulidad. Cuando uno ya ha vivido bastantes vicisitudes, como que te vas volviendo mal pensado, entonces surge la duda, y con la duda, las versiones alternativas: Piensa mal y acertarás, decía mi profesor de economía. Entonces, la Historia empieza a conocerse como historia,  con hache minúscula. Sigue leyendo

Un feminismo de todos

Por Edgard E. Murillo

Diré de entrada que soy un fervoroso partidario de la igualdad de derechos de la mujer. O sea, soy feminista. Cuando trato de rememorar en qué momento empecé a simpatizar con la lucha por la equiparación de derechos entre los sexos, me parece que lo hago desde siempre. No hubo un acontecimiento que me sacudiera, que me despertara, que me dijera por aquí te vas; sencillamente sucedió junto con mi proceso de crecimiento. No voy a relatar que si mi abuela o mis tías o mi madre fueron de personalidad fuerte o luchadoras, que sí lo fueron, ni que su amor fue determinante para mi formación, que también lo fue, porque a fin de cuentas la mayoría de los hogares nicaragüenses cuentan en su nómina familiar a mujeres estandartes, generosas y extremadamente valientes. Solo expresaré que entre mujeres y hombres las diferencias son netamente hormonales y que por tanto los derechos deben cobijarlos por igual. Así de sencillo. Pero entre el ser y el deber ser hay una gran diferencia, y es aquí donde el feminismo se ramifica, adquiriendo varias tonalidades, pues no podemos hablar de un único feminismo. Sigue leyendo

Depende del lugar donde estemos

Por Edgard E. Murillo

En días recientes he recordado una frase que Federico Engels pronunció en el funeral de su amigo, el barbudo de Tréveris, precisamente atribuyendo a éste su autoría. Decía que el hombre necesita en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte y religión. En otras palabras, este enfoque marxista no es más que la apología de barriga llena, ideas contentas; enfoque que a mi parecer estamos todos de acuerdo. Sigue leyendo

Ya estamos de vuelta

Por Edgard E. Murillo

Entre la última entrada y la que leen ahora transcurrió más de un mes. El impasse se debió a varias razones (Aquí he tenido que hacer un alto para decidir si escribir las razones o simplemente callar para no caer en confesiones innecesarias, inclinándome por lo segundo). Sin embargo, hubo dos aspectos adicionales que ralentizaron el ritmo acostumbrado: las noticias sobre los desastres naturales y las amenazas de guerra. Las unas externas, ajenas e impredecibles; las otras, tan nuestras y perfectamente evitables, que apenas nos distinguen de los animales imposibilitados para hablar. Así que dediqué varias horas de mi tiempo libre viendo las labores de rescate en la CDMX tras un terremoto de 7.1  y la guerra de tapas entre dos presidentes, tan bruto uno como el otro, mientras huracanes encadenados azotaban el Caribe y en todo el mundo se atiborraban las salas de cine para seguir a un payaso que aterroriza el pequeño pueblo de Derry. Sigue leyendo

La causa de los mártires

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Por Edgard E. Murillo

Los héroes mueren jóvenes, decían los griegos. Por eso los viejos podrán llegar a ser sabios, pero jamás héroes, no importa que en algún momento de sus vidas hayan realizado actos heroicos, pues la muerte prematura consagrada a una causa vale más que los infinitos méritos de los veteranos.

Ante la ruptura del ciclo natural de la vida, la humanidad desde tiempos homéricos ha entendido la sangre de los mártires como el sacrificio máximo respecto al cual debemos rendir el mayor de los honores. El mártir no dice: “voy a hacerme mártir”. Si el martirio acontece es porque su conducta, o más bien su decisión, exige una fidelidad más fuerte que el apego a la vida, como bien lo ha expresado Antonio M. Baggio, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Sigue leyendo

¡Por fin!

 

Por Edgard E. Murillo

Los memes apocalípticos de las redes sociales, la supuesta tercera guerra mundial y las recientes desventuras de un boxeador venido a menos, ocupan la atención de los nicaragüenses en esta Semana Santa, sin percatarnos que después de la misma la tramitación de los juicios civiles será totalmente diferente. El Código de Procedimiento Civil, de 110 años, uno de los dos pilares jurídicos heredados por el presidente José Santos Zelaya, murió este 8 de abril sin pena ni gloria, y en su lugar lo ha sustituido el esperado Código Procesal Civil de Nicaragua. Sigue leyendo

Por una América Central unida, otra vez

(foto de archivo) Filibusteros, durante la guerra civil de Nicaragua,  magazin 17,18.  LA PRENSA

Filibusteros, durante la Guerra Nacional de Nicaragua.

Por Edgard E. Murillo

Nuestras fiestas patrias tienen la característica que se celebran por partida doble. El 14 de septiembre por la Batalla de San Jacinto y el 15 del mismo mes por la independencia de la Corona de España. Este último evento no me emociona por dos motivos: porque no debimos disolver la Federación Centroamericana y porque de una dependencia pasamos a otra. Además, la independencia fue un suceso de escritorio, diferente a las luchas libertarias de Jefferson, Morelos, San Martin o Bolívar, por lo que el resultado pérdida-ganancia no alteró en lo sustancial las estructuras sociales coloniales. ¿Quiénes ganaron con la independencia de Centroamérica? Solamente los criollos hacendados. Sigue leyendo