Antiaforismos

Por Edgard E. Murillo

El que-hacer del hombre se mide por su grado de ociosidad.

Las diferencias irreconciliables también ceden ante la tentación de la carne, solo que esta vez ya son conciliables.

Las pesadillas constituyen el precio que tenemos que pagar por la recurrencia de sueños estúpidos.

Nunca el amor es tan pesado como cuando ninguno de los amantes quiere chinear al otro.

Si los ojos son el espejo del alma, no hay que dejar escapar ni una sola lágrima, so pena de quedar desalmados. Sigue leyendo