Antiaforismos (III parte)

Por Edgard E. Murillo

Yo soy yo y mis acreedores.

El olvido nada tiene que ver con el tiempo, solo con lo que no nos conviene.

Ser Dios debe ser terriblemente difícil: desconoce la sorpresa, carece de divinidades, no recibe un beso, y por si fuera poco, no le da tregua el diablo.

Hay dos tipos de hombres felices: los que lo son y yo.

De niño, la primera regla gramatical que aprendí fue que los nombres propios se escriben en mayúsculas; y la segunda que los hijueputas no son hijos de puta alguna, sino simplemente hijueputas, no importa el oficio de su progenitora. Sigue leyendo

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Amores mojados (Antiaforismos II parte)

Por Edgard E. Murillo

Los suspiros son las excusas que el cuerpo utiliza para seguir pasándola bien.

El sexo es más agua que fuego.

El único momento en que nuestro cuerpo no nos lleva la contraria es cuando estamos enamorados.

Quien se re-enamora alcanza a ver más allá de lo que antes creía era el horizonte.

Cuando Eva ofreció a Adán la manzana, le estaba insinuando la redondez de sus pechos; pero el primer hombre no entendió la seña. Sigue leyendo

Antiaforismos

Por Edgard E. Murillo

El que-hacer del hombre se mide por su grado de ociosidad.

Las diferencias irreconciliables también ceden ante la tentación de la carne, solo que esta vez ya son conciliables.

Las pesadillas constituyen el precio que tenemos que pagar por la recurrencia de sueños estúpidos.

Nunca el amor es tan pesado como cuando ninguno de los amantes quiere chinear al otro.

Si los ojos son el espejo del alma, no hay que dejar escapar ni una sola lágrima, so pena de quedar desalmados. Sigue leyendo