La América Nuestra

Por Edgard E. Murillo

Azotadas por las olas, las tres pequeñas embarcaciones seguían rumbo al Oeste; habían aparecido algunas algas flotando a la deriva pero el horizonte seguía tragándose el mar. Si bien las naves se habían aprovisionado de agua y pescados por su paso en las Canarias, la comida empezaba a escasear. Algunas noches los hombres creían escuchar quejidos y ruidos provenientes desde las profundidades del océano, ocasionándoles pavor; y en otras les parecía que aquel viaje sin punto de llegada era un castigo por haber seguido la ambición de obtener unas cuantas monedas. Sigue leyendo

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