Del agua surge el amor

posiciones-sexuales-en-la-playa-en-el-agua

Por Edgard E. Murillo

La mujer asienta sus pies con prudencia sobre la arena y los guijarros; el hombre avanza un paso atrás observando la rabadilla de su acompañante que se sumerge lentamente en la laguna. Cuando están cubiertos hasta el cuello, ambos se observan a los ojos manteniendo una sonrisa que dice más cosas que las que pudieran decir las palabras. Se acercan, rozan sus pies y se besan, primero lentamente, después con la intensidad palpitante de la cercanía. En una movida audaz, la mujer rodea con sus piernas al hombre y éste la empuja hacia arriba aprovechando la ligereza de los cuerpos bajo el agua. Y de nuevo las miradas cómplices y las piernas que se trenzan, como si se tratase de dos frentes de batalla: la fragua de los besos en la superficie y el ejercicio de las caderas en la privacidad subacuática. El amor, acuoso y confabulado, se abre paso sin pudor. Sigue leyendo

Anuncios

Advertencia

Por Edgard E Murillo
Cuidado siguen el camino
Que una vez desanduvo el enamorado
Que por buscar la espalda
— ese lugar donde se dice aterrizan los besos —
Llegó al cuello y la boca
Para nunca más regresar.
No se les ocurra preguntar
Que si esta vuelta es la mejor
O si por allí se precipitan las caricias
Porque si de perderse se trata
Es mejor perderse en cuerpo ajeno
En lugar de creer que la piel
Se hizo para soportar el frío y las ausencias.
 
 degas
(Edgar Degas, Mujer secándose el cabello)

El infinito

uNIVERSO5
Por Edgard E Murillo
 
En la palabra está el infinito
También en las soledades
Y en las cimas donde retoza el viento
En la estrella que nace, se apaga
Y vuelve a nacer en el ocaso
 
La cintura del infinito es elástica
Trémula y de color índigo
(Como el pelaje del unicornio)  
Gusta por esconderse en el horizonte
Tras los bordes del Universo
 
En la nostalgia está el infinito
Que es la materia primaria de los poetas
De los buscadores de sirenas
Y de los que subastan los placeres
 
El infinito anuncia la danza
Del Paraíso Perdido
Las mañanas que desperezo tu espalda
Entre sábanas y caricias amanecidas.
 
 
                                   
                                  
 
 
 

Los besos de Raquel

besos

La mañana del catorce de Abril, mientras se disponía  a tomar un baño, Raquel resolvió seguirle la pista a sus besos. Un sueño madrugador le había advertido que si todo deja un rastro, los besos con mayor razón podrían tener el privilegio de la memoria compartida. Creía que la importancia de los besos en los recuerdos de las personas no podía ponerse en tela de duda, que pocos se preguntaban acerca de las huellas invisibles que dejamos desde que aprendimos el uso de los labios para esos propósitos; tenía la convicción que con cada beso uno entrega un pedazo del alma, un mordisco de la existencia misma que se transfiere sin revocación. Sigue leyendo