¿Inmortal? No, gracias

Por Edgard E. Murillo

Hoy por la mañana lo primero que pensé al abrir los ojos fue que a la eternidad se le antoja manifestarse de diferentes maneras, pero por muy breves momentos. Puede ser capturada en un inesperado suspiro, en el trinar de un pájaro dominguero, en el olor a tierra mojada e incluso en cosas que nada tienen que ver con el tiempo, porque si uno piensa en medidas temporales la sensación de continuidad ad perpetuam se descalabra y degenera en asunto de efímera existencia. No vaya a creerse, sin embargo, que las eternidades surgen cuando uno quiere. A veces ni siquiera nos damos cuenta. Suele ocurrir que un instante perpetuo se nos escurra de las manos cuando creíamos tenerlo de los pelos y no hay cosa más difícil que recuperarlo o que se repita con solo anhelarlo. Convertirse en cazadores de eternidades es lo más tenaz de este mundo.  Sigue leyendo

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El mundo por el ombligo

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Por Edgard E. Murillo

Debo a mi padre el amor a las Bellas Artes, creo que en alguna vida pasada debió ser artista de alguna ciudad de la cuenca del mediterráneo. Aún recuerdo cuando llevó a casa una enciclopedia acerca de dibujo, pintura y escultura occidental desde la antigüedad hasta los ochocientos con ilustraciones full color en las páginas del centro; me encantaba pasar las páginas de cada uno de los diez tomos deteniéndome en las pinturas que parecían cobrar vida propia; a los ocho años ya era aficionado al arte renacentista italiano, en especial de los desnudos de Botticelli y Miguel Ángel. Cierto día objeté que todas las pinturas de algunos florentinos mostraban a Adán y Eva con ombligo cuando se suponía que uno había sido Sigue leyendo