Cuando la inmortalidad se vistió de sargento

Por Edgard E. Murillo

De vez en cuando, con la sola pretensión de brindarle regocijo a mi alma, imagino estar presente en algunos eventos de entretenimiento que me hubiesen gustado vivir, por ejemplo, estar en el Yankee Stadium la noche que Reggie Jackson le metió tres jonrones a los Dodgers, o presenciar la final de la Copa del Mundo en México, en la que Pelé y Rivelino le dijeron con permiso a los azzurri. Me he visto en Woodstook, salpicado de lodo, en aquellos tres días de música, paz y amor, y también he admirado, desde un engramado húmedo tras una baranda, el despegue épico del gigantesco cohete Saturno V llevando los hombres a la luna. Son momentos que si tuviese un carro como el de Marty McFly, viajaría al pasado, no una, sino varias veces para re-vivirlos con absoluta felicidad. Sigue leyendo

La fuga de Agnette

Por Edgard E. Murillo

Sobre el pasillo lúgubre presurosa camina Agnette. Lleva a flor de labios avemarías, jaculatorias y carmín. Sudorosa, tiembla de ansiedad, como si fuese a presenciar el estreno de una película donde ella debuta como actriz estelar. Vuelve la mirada hacia el zócalo cubierto de hojas que se desparraman sobre los escalones que bajan a un rellano empedrado, donde se detiene a tomar aire y reprimir los sollozos. ¡Qué bello este lugar! Sigue leyendo

Los de afuera

jetsons

Por Edgard E. Murillo

A mediados de los años setenta una noticia fuera de lo común alborotó el país, y en especial el barrio donde este narrador vivía. Unos vecinos que estaban de paseo por Poneloya o Masachapa, no recuerdo el balneario, decidieron posar con el mar a sus espaldas para sacarse una foto familiar. Cuando revelaron las fotografías, arriba de sus cabezas felices, cruzando el cielo se veía una mancha difusa multicolor que todos, incluyendo un diario de circulación nacional, atribuyeron a un objeto volador no identificado. Ante el extraordinario hallazgo, mis vecinos se hicieron famosos, pues se trataba de una foto donde aparecía toda la familia sin excepción. Sigue leyendo

La cantina ideal

El sabalete

Por Edgard E. Murillo

Una tarde como la de hoy así con lluvia suave y truenos que rascan las panzas de las nubes yo quisiera estar en el bar El Sabalete. Nada más pregúntenme y les cuento que nada allí sale sobrando. Si no fuera porque en El Sabalete se vende guaro y cervezas les diría que es la cantina perfecta. Siempre hay mesas limpias y desocupadas, la música suena a tu interés más que a tu gusto (en ocasiones de una complicidad alucinante); las botanas, con o sin grasas, ligan a la perfección; los baños huelen a lavanda y las meseras sonríen a todos tus ocurrencias, como si fuesen amigas tuyas de toda la vida, o aun de vidas anteriores. En El Sabalete no Sigue leyendo