Creer o no creer, esa no es la cuestión

 

Por Edgard E. Murillo

La tradición procesional de las fiestas patronales de Managua, con todo lo que le es propio o subordinado, ajeno o intrínseco, como son los negritos embadurnados de aceite negro, las bandas chicheras y el guaro embrutecedor, me ponen a pensar acerca de la conveniencia de la existencia de Dios y el desenlace de esas prácticas de jolgorio y fe, no solo en Nicaragua, sino en todo el mundo cristiano. Tomo el ejemplo de Santo Domingo, no porque sea mejor o peor que otras celebraciones, sino porque nuestros temores y dudas existenciales, valga la perogrullada, se repiten de generación en generación, diluyéndose, transformándose o sustituyéndose por otras prácticas que tienen como propósito el alivio de nuestras penas por el paso en el tercer planeta del Sistema Solar. Entonces es cuando veo al Káiser, mi perro más joven, y me pregunto ¿Será dicha o tuerce que los animales no profesen alguna religión? ¿Será que ellos sí conocen la felicidad porque no se preguntan si hay vida después de la muerte? Me río de estas preguntas y encuentro el consuelo en mis pensamientos. Pienso, luego existo, como dijo el filósofo; en cambio el káiser, existe aunque no tenga capacidad de pensar. Sigue leyendo

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La fe de cada quien

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Por Edgard E. Murillo

Soy de los que cuando visito por primera vez una ciudad lo primero que hago después de conocer el mercado es entrar a la iglesia parroquial, me gusta hacerlo por la puerta principal que siempre se abre al oeste según los esquemas canónicos; camino unos pasos por la izquierda, cruzo la nave y me siento junto la puerta sur para recibir el viento que penetra el edificio haciendo ondular las velas puestas al pie de las imágenes; aprecio la fuerte madera lustrosa de las bancas, respiro profundo y me dejo inundar por la sensación hasta que advierto que el sacristán Sigue leyendo

Ecce Homo (El juicio contra Jesús)

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Por Edgard E. Murillo

Muchos sabemos, por información recibida desde niños o por aprendizaje escolar o religioso posterior, que Jesús fue condenado a morir crucificado por órdenes del representante romano en Judea llamado Poncio Pilato. Pero conocemos muy poco o nada acerca de las interioridades del proceso que se siguió en su contra, de las leyes imperantes, judaicas y romanas, y de todo el sistema administrativo de la comunidad judía que para entonces ya contaba con una organización política y jurídica de más de dos mil años de existencia. Historiadores, teólogos y juristas se han abocado a la tarea de encontrar pistas veraces y definitivas a este momento crucial, sin embargo sólo podemos atenernos a lo dicho por los evangelistas, de los cuales al Sigue leyendo