Fear of flying

Fear

Por Edgard E. Murillo

Volar es todo un suplicio para mí, principalmente si vuelo en aviones pequeños. Este lunes viajé a Bluefields y sufrí los 45 minutos del vuelo, talvez sólo comparados de manera parcial con media hora en el consultorio con el dentista.

Todo estaba bajo control, subí al pequeño avión bimotor de 40 plazas con la serenidad propia de un viajero experimentado y hasta elegí un asiento cerca de una puerta de emergencia, eso sí, ni muy atrás ni muy adelante, pero no tan cerca de las alas. Suspiré y abrí un libro de sátira política para relajarme; encendieron los motores y apareció una azafata con cara de muñeca rusa que hacía simulaciones mientras una voz hablaba de las medidas de seguridad; la azafata indicó con muecas que debíamos leer el manual de seguridad (Por supuesto que a mí no se me ocurrió semejante barbaridad porque me hubiese bajado del avión) y que no debíamos de inflar el salvavidas dentro de la aeronave; apagué el celular antes que lo solicitaran, pero pocas personas hicieron lo mismo, e iniciamos por fin el ascenso; me asomé por la ventanilla para medir el grado de inclinación de la nariz en comparación con vuelos anteriores y verifiqué que el avión había subido en ángulo de 40 grados tomando la misma ruta sobre el Lago Cocibolca. Sigue leyendo

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