Del agua surge el amor

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Por Edgard E. Murillo

La mujer asienta sus pies con prudencia sobre la arena y los guijarros; el hombre avanza un paso atrás observando la rabadilla de su acompañante que se sumerge lentamente en la laguna. Cuando están cubiertos hasta el cuello, ambos se observan a los ojos manteniendo una sonrisa que dice más cosas que las que pudieran decir las palabras. Se acercan, rozan sus pies y se besan, primero lentamente, después con la intensidad palpitante de la cercanía. En una movida audaz, la mujer rodea con sus piernas al hombre y éste la empuja hacia arriba aprovechando la ligereza de los cuerpos bajo el agua. Y de nuevo las miradas cómplices y las piernas que se trenzan, como si se tratase de dos frentes de batalla: la fragua de los besos en la superficie y el ejercicio de las caderas en la privacidad subacuática. El amor, acuoso y confabulado, se abre paso sin pudor. Sigue leyendo

La fuga de Agnette

Por Edgard E. Murillo

Sobre el pasillo lúgubre presurosa camina Agnette. Lleva a flor de labios avemarías, jaculatorias y carmín. Sudorosa, tiembla de ansiedad, como si fuese a presenciar el estreno de una película donde ella debuta como actriz estelar. Vuelve la mirada hacia el zócalo cubierto de hojas que se desparraman sobre los escalones que bajan a un rellano empedrado, donde se detiene a tomar aire y reprimir los sollozos. ¡Qué bello este lugar! Sigue leyendo

Silencios cósmicos y otras reflexiones

Por Edgard E. Murillo

Así como la paz no solamente es la ausencia de la guerra ¿Puede entenderse el silencio como la ausencia de ruido? ¿Habrá algún lugar donde no se escuche nada, salvo el sonido del silencio, al decir de la canción?  Ese lugar existe: el espacio sideral. Como sabemos, allá arriba (decir arriba es un capricho gravitacional) el sonido no se puede propagar, por lo que solo fuera de nuestra atmósfera podremos percibir el silencio absoluto. En el espacio negro y frío, donde no hay materia, el sonido sencillamente no se oye; dos astronautas pueden hablar entre sí dentro de la nave pero una vez fuera no podrán escucharse mutuamente aunque chillen como Amanda Miguel. Sigue leyendo