Ya estamos de vuelta

Por Edgard E. Murillo

Entre la última entrada y la que leen ahora transcurrió más de un mes. El impasse se debió a varias razones (Aquí he tenido que hacer un alto para decidir si escribir las razones o simplemente callar para no caer en confesiones innecesarias, inclinándome por lo segundo). Sin embargo, hubo dos aspectos adicionales que ralentizaron el ritmo acostumbrado: las noticias sobre los desastres naturales y las amenazas de guerra. Las unas externas, ajenas e impredecibles; las otras, tan nuestras y perfectamente evitables, que apenas nos distinguen de los animales imposibilitados para hablar. Así que dediqué varias horas de mi tiempo libre viendo las labores de rescate en la CDMX tras un terremoto de 7.1  y la guerra de tapas entre dos presidentes, tan bruto uno como el otro, mientras huracanes encadenados azotaban el Caribe y en todo el mundo se atiborraban las salas de cine para seguir a un payaso que aterroriza el pequeño pueblo de Derry. Sigue leyendo

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Creer o no creer, esa no es la cuestión

 

Por Edgard E. Murillo

La tradición procesional de las fiestas patronales de Managua, con todo lo que le es propio o subordinado, ajeno o intrínseco, como son los negritos embadurnados de aceite negro, las bandas chicheras y el guaro embrutecedor, me ponen a pensar acerca de la conveniencia de la existencia de Dios y el desenlace de esas prácticas de jolgorio y fe, no solo en Nicaragua, sino en todo el mundo cristiano. Tomo el ejemplo de Santo Domingo, no porque sea mejor o peor que otras celebraciones, sino porque nuestros temores y dudas existenciales, valga la perogrullada, se repiten de generación en generación, diluyéndose, transformándose o sustituyéndose por otras prácticas que tienen como propósito el alivio de nuestras penas por el paso en el tercer planeta del Sistema Solar. Entonces es cuando veo al Káiser, mi perro más joven, y me pregunto ¿Será dicha o tuerce que los animales no profesen alguna religión? ¿Será que ellos sí conocen la felicidad porque no se preguntan si hay vida después de la muerte? Me río de estas preguntas y encuentro el consuelo en mis pensamientos. Pienso, luego existo, como dijo el filósofo; en cambio el káiser, existe aunque no tenga capacidad de pensar. Sigue leyendo

¿Inmortal? No, gracias

Por Edgard E. Murillo

Hoy por la mañana lo primero que pensé al abrir los ojos fue que a la eternidad se le antoja manifestarse de diferentes maneras, pero por muy breves momentos. Puede ser capturada en un inesperado suspiro, en el trinar de un pájaro dominguero, en el olor a tierra mojada e incluso en cosas que nada tienen que ver con el tiempo, porque si uno piensa en medidas temporales la sensación de continuidad ad perpetuam se descalabra y degenera en asunto de efímera existencia. No vaya a creerse, sin embargo, que las eternidades surgen cuando uno quiere. A veces ni siquiera nos damos cuenta. Suele ocurrir que un instante perpetuo se nos escurra de las manos cuando creíamos tenerlo de los pelos y no hay cosa más difícil que recuperarlo o que se repita con solo anhelarlo. Convertirse en cazadores de eternidades es lo más tenaz de este mundo.  Sigue leyendo

La fuga de Agnette

Por Edgard E. Murillo

Sobre el pasillo lúgubre presurosa camina Agnette. Lleva a flor de labios avemarías, jaculatorias y carmín. Sudorosa, tiembla de ansiedad, como si fuese a presenciar el estreno de una película donde ella debuta como actriz estelar. Vuelve la mirada hacia el zócalo cubierto de hojas que se desparraman sobre los escalones que bajan a un rellano empedrado, donde se detiene a tomar aire y reprimir los sollozos. ¡Qué bello este lugar! Sigue leyendo

Cuando la laguna ardió

Por Edgard E. Murillo

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El 16 de marzo de 1772 el volcán Masaya tuvo una violenta erupción; un torrente rojiamarillo fue regurgitado a velocidad alarmante en dirección a los poblados de Nindirí y Masaya. Los nindiriseños sacaron en procesión al Señor de la Misericordia clamando que cesara aquel infierno ocasionado, según ellos, por los pecados amontonados sin mediar confesión, mientras que los monimboseños hacían lo suyo con la Virgen de la Asunción. El cielo estaba oscuro debido a la lluvia incesante de ceniza, el suelo retumbaba y había incendios por doquier. Pocos pudieron huir hacia Granada (dicen que el alcalde de esa ciudad cerró las puertas a los damnificados). Un brazo de mar de lava bajó hasta las profundidades de la laguna cuya ebullición dio valor agregado al pánico existente. La multitud rezaba y se arrepentía de los pecados propios y ajenos. De pronto, el magma aniquilador que se dirigía hacia Nindirí se detuvo y cambió de curso. Sigue leyendo

Diabliness

Por Edgard E. Murillo

En una de sus célebres Cartas, C.S. Lewis nos dice que no cree en el Diablo, entendido este como un poder absoluto opuesto a Dios, pues es imposible que exista una perfecta maldad, ya que descartado todo lo bueno — inteligencia, voluntad, memoria, energía y existencia — no quedaría nada de él. Ergo, el Diablo como antípoda del Bien, no existe. Pero Lewis enseguida aclara que sí existen ángeles descarriados, enemistados con Dios, a quienes llama simplemente diablos, siendo Satán el cabecilla o dictador de ellos; de ahí que Satán es el contrario, no de Dios, sino del Arcángel Miguel. Sigue leyendo

La fe de cada quien

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Por Edgard E. Murillo

Soy de los que cuando visito por primera vez una ciudad lo primero que hago después de conocer el mercado es entrar a la iglesia parroquial, me gusta hacerlo por la puerta principal que siempre se abre al oeste según los esquemas canónicos; camino unos pasos por la izquierda, cruzo la nave y me siento junto la puerta sur para recibir el viento que penetra el edificio haciendo ondular las velas puestas al pie de las imágenes; aprecio la fuerte madera lustrosa de las bancas, respiro profundo y me dejo inundar por la sensación hasta que advierto que el sacristán Sigue leyendo

Ecce Homo (El juicio contra Jesús)

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Por Edgard E. Murillo

Muchos sabemos, por información recibida desde niños o por aprendizaje escolar o religioso posterior, que Jesús fue condenado a morir crucificado por órdenes del representante romano en Judea llamado Poncio Pilato. Pero conocemos muy poco o nada acerca de las interioridades del proceso que se siguió en su contra, de las leyes imperantes, judaicas y romanas, y de todo el sistema administrativo de la comunidad judía que para entonces ya contaba con una organización política y jurídica de más de dos mil años de existencia. Historiadores, teólogos y juristas se han abocado a la tarea de encontrar pistas veraces y definitivas a este momento crucial, sin embargo sólo podemos atenernos a lo dicho por los evangelistas, de los cuales al Sigue leyendo