Don Salomón se va al cielo

Por Edgard E. Murillo

El día de San Jorge, a la hora de la radionovela del mediodía, don Salomón, paciente de neumonía y abuelo materno de Hildebrando Ocaña, entró en agonía. Su hija Doris Leonor escurría una olla de frijoles cuando escuchó un lamento profundo; al principio pensó que se trataba de voces provenientes de la radionovela, pero al acercarse a su padre advirtió el cambio de respiración que los moribundos utilizan para emprender el último viaje.  La mujer dejó caer la olla y gritó a Hildebrando, hijo, tu abuelo se nos va. Sigue leyendo

Titulares

Front pages from newspapers around the world after Donald Trump becomes the President of the United States

Por Edgard E. Murillo

Cansado estoy de ver, leer y escuchar las mismas noticias en todas las épocas. Ya nada parece asombrarme; como que los tiempos de las extrañezas y las noticias de arrebato fueran cosas del pasado. Que estalló una guerra tribal en el Medio Oriente, que un político mutó de pellejo partidario o que una miss universo erró en la ubicación geográfica de un país, son variaciones de una misma melodía. Lo predecible por lo repetitivo. Por eso cada vez leo menos los diarios para informarme; no porque prefiera hacerlo por medio de la televisión, o por conducto del periodismo flash de las redes sociales, sino porque las noticias, en su mayoría, se me antojan aguadas, cansinas y hartamente sabidas, como monas vestidas de seda. La única noticia que me agarró fuera de base en los últimos tiempos fue la renuncia de Benedicto XVI. Antes y después de eso, nada. Ni siquiera la visita de Obama a Cuba me desacomodó de la butaca. Sigue leyendo

Lo que nos delata

César Augusto Prima Porta

Por Edgard E. Murillo

Eso de mencionar todos los cargos y títulos que una persona posee, con o sin mérito, siempre me ha causado mucha gracia. Cuando yo estaba chavalo trataba de adivinar la forma en que presentaban al líder soviético, camarada Leonid Brézhnev, Secretario General y Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Presidente del Soviet Supremo y del Consejo de Ministros y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de Tierra, Aire y Mar. Me recordaba los títulos que el senado romano otorgaba al César: Invictus, Dominus Noster, Princeps Senatus, Imperium Maius, Pontifex Maximus. Si de la Roma Imperial viene esta costumbre, mucha razón tuvo Juan Bautista Alberdi, quien dijo que lo que más copiamos de Roma no fue el sólido y extenso derecho civil, sino su derecho público externo e interno, la guerra y el despotismo, con toda su parafernalia de distinciones y espaldarazos. A partir de entonces, hacer más grande el nombre de las personas por medio de los títulos se volvió — usando la palabra en boga —  viral. Sigue leyendo

No creer también cuenta

simon

Por Edgard E. Murillo

Es probable que el motivo por el cual los fantasmas huyan de mí sea porque no creo en ellos. Me doy cuenta que las invocaciones que he realizado al filo de la madrugada han fracasado, más que por otra cosa, por falta de convencimiento propio. Debe ser muy incómodo presentarse ante alguien que duda de tu existencia. No creo que algún espíritu amigable, maléfico o chocarrero,  ande penando en el limbo o que tenga una puerta de acceso al “más acá”, salvo el vórtice de los hospitales donde entran y salen impunemente las enfermeras, como una vez escribí para este Barco Azul AquiSigue leyendo

Tarifario

 

tarifario

Por Edgard E. Murillo

Bien conocido es que en la Roma Imperial el negocio de la prostitución era muy próspero, tanto que el emperador Augusto decidió gravarlo. Las prostitutas estaban obligadas, previo registro en la oficina del edil, a pagar tributos al Fisco, de lo que se deduce que los romanos eran muy prácticos y que no se andaban con moralinas sobranceras. Si había ingreso, pues había que aumentar las arcas del César. El registro y la tasa tributaria daba derecho a que el Estado Romano concediera la licentia Stupri, es decir, el documento legal para que las mujeres de alquiler no fuesen importunadas por las autoridades. En atención al rango social y al lugar donde se realizaba “el oficio” las prostitutas principalmente se catalogaban en: Delicatae (las meretrices de lujo), las Famosae (ricas o famosas que ejercían por placer, por ejemplo Mesalina, esposa del emperador Claudio. Cuentan que esta señora retó a la prostituta más célebre de Roma en una competencia de clientes, la que ganó porque su contrincante se retiró tras haber copulado con sesenta hombres en una misma noche), las Lupae (que ejercían en los Sigue leyendo